La biomasa es esencial para los países en desarrollo
En los países ricos se está invirtiendo con decisión en las energías solar y eólica. Bien. El medio ambiente lo agradecerá y es una forma de luchar contra el cambio climático. Pero uno de los problemas que presentan ambas fuentes de energía es que se necesitan un alto nivel de tecnología para poder usarlas. Los países pobres no tienen esa posibilidad por sí mismos.

En cambio, la biomasa, no sólo está disponible para todos en diferentes formas, sino que es tecnológicamente accesible para cualquier país, cualquier comunidad. No en vano, la biomasa se ha utilizado desde que se descubrió el fuego, en los albores de la humanidad. Desde la madera de los árboles hasta la cascarilla de arroz, pasando por ramas de eucalipto o el estiércol de vaca, cada región puede disponer de la biomasa que más le beneficie.

El problema es que la biomasa se ha ganado una mala reputación, la idea de que es una energía del pasado, peligrosa para la salud, una energía de pobres, sucia, etc. Sin embargo, es una energía renovable de la que dependen millones de personas en todo el mundo.

Se trata, pues, de que la combustión de la biomasa se realice de forma limpia. Es algo esencial para que millones de personas puedan escapar de la pobreza y el hambre. Pero, para ello, hay que pensar en pequeño, no en grandes centrales hidroeléctricas, ni en enormes parques solares, sino en la posibilidad de que cada hogar, de que cada comunidad pueda proveerse de energía de forma autosuficiente, sin ayuda de otros países o grandes multinacionales de la energía.

La India es uno de los países que más confía en esta fuente de energía. Es el único país del mundo con un Ministerio de Energías Nuevas y Renovables. Y busca nuevos métodos de producción de energía mediante residuos de plantas y animales. Pero también Alemania está desarrollando la biomasa, con lo que ha logrado reducir sus emisiones de carbono en los últimos veinte años más que cualquier otra nación desarrollada. Cubre el 7% de sus necesidades energéticas con biomasa y puede llegar hasta el 15% a finales de esta década.