La caza anual de delfines en Taiji, Japón
La caza anual de delfines en Taiji se lleva a cabo en Japón cada año entre los meses de septiembre a abril. Según la Agencia de Investigación de Pesca japonesa, en 2007, fueron capturados 1.623 delfines en la Prefectura de Wakayama. Estos delfines se usan para consumo humano y para la reventa a delfinarios. La caza anual de delfines es una fuente de ingresos para los residentes locales, pero ha recibido una condena mundial, tanto por la crueldad de la propia matanza de delfines como por los altos niveles de mercurio que tiene la carne de delfín.

Es una práctica similar a la matanza de focas que se produce en Canadá o a la caza de ballenas de Japón, pero mucho menos conocida. Sin embargo, un documental impulsado por el activista Ric O’Barry, que lleva más de cuarenta años luchando por acabar con la industria que, por otra parte, él mismo contribuyó a crear, y dirigido por Louie Psihoyos, está logrando que se conozca este atentado contra el medio ambiente. Se trata del documental The Cove (La cueva).

Ric O’Barry se hizo famoso por ser el entrenador de la famosa serie de televisión Flipper, un personaje que fue interpretado por varios delfines. Uno de los animales murió en sus brazos al dejar voluntariamente de respirar. A partir de ese momento, O’ Barry decidió dedicar su vida a protegerlos.

The Cove muestra la investigación llevada a cabo en Taiji por un equipo de la organización conservacionista Save Japan Dolphins. En 2010, ganó el Oscar al mejor documental.

La caza anual de delfines en Taiji, Japón
Equipados con cámaras ocultas, los activistas consiguieron grabar la caza de delfines y documentar el lucrativo negocio que representa el tráfico de los cetáceos. Los mejores ejemplares son vendidos por unos 115.000 euros a los acuarios y zoológicos de todo el mundo, donde son explotados. La carne de los demás, que contiene mercurio y otros elementos tóxicos, se vende en los supermercados de Japón.

La matanza está protegida por la policía y las autoridades japonesas, que tratan de impedir cualquier acceso al conocimiento de las crueles y sangrientas artes de pesca que se utilizan. El documental, además, demostró el consumo de carne de delfín, amparado por las autoridades, y etiquetado como carne de ballena.