Si años anteriores ya asustaban las cifras de rinocerontes abatidos en Sudáfrica, ahora provocan auténtico pavor. Cuando todavía no hemos llegado a mediados de año, la caza furtiva ha aniquilado la friolera de 227 rinocerontes en aquel país, frente a los menos de 200 asesinados durante el primer semestre del 2011, que cerró con 448 muertes, o los 333 en el 2010.

Los más de trescientos que perdieron la vida hace dos años ya fueron una cifra histórica, que sin embargo quedó pulverizada en el 2011, con 448 cadáveres. Y, lejos de remitir, de seguir así las cosas este año podría volver a superarse con creces. Tengamos en cuenta que durante el primer semestre del pasado año, la cifra no llegaba a los dos centenares, por lo que los primeros cinco meses de este año están batiendo récords. Un triste récord, sin duda, que una vez más deja bien clara la inoperancia del gobierno sudafricano para evitar estas matanzas. Sólo dedicando más recursos podría pararse esta masacre que no cesa.

Teniendo en cuenta que las bajas aumentan sin mesura año a año, y que en el 2012 están cayendo tres ejemplares cada dos días, la especie parece estar abocada a una rapidísima extinción. Según las estadísticas oficiales recientemente difundidas, el Parque Nacional Kruger (en el noroeste del país) es el más castigado, con 137 muertes, casi un rinoceronte muerto al día. Es decir, una auténtica locura, pues según estimaciones de los conservacionistas, en el país quedan en torno a los 20.000 rinocerontes.

Hay que reconocer que no es tarea fácil detener a las poderosas bandas de crimen organizado, que no reparan en gastos a la hora de armarse con las más modernas tecnologías. Su único objetivo es conseguir los cuernos del animal, a los que la medicina tradicional asiática atribuye unas propiedades curativas que la ciencia no refrenda.