La condición social del hombre es genética
Juan Luis Arsuaga es catedrático de Paleontología de la Universidad Complutense de Madrid, pero es más conocido por ser uno de los responsables de las excavaciones en el yacimiento arqueológico de la Sierra de Atapuerca. En la Universidad de La Laguna (ULL) ha impartido una conferencia donde ha analizado la evolución del comportamiento humano.

Arsuaga es paleontólogo, pero ha reconocido que no le interesaban especialmente los huesos ni las especies humanas del pasado. Le interesa el ser humano de la actualidad, lo que somos ahora. Pero, para entenderlo, hay que volver la vista atrás. El científico defiende las teorías de la biología social sobre el componente hereditario de los comportamientos sociales en animales y, por tanto, también en los humanos.

Arsuaga habló del parentesco más próximo a la especie humana (gorilas y chimpancés) y recordó que, como ellos, el homo sapiens es eminentemente social. Somos sociales porque somos primates. El comportamiento social proviene del código genético.

Hay dos etapas en la evolución humana. En la primera, la selección natural funcionaba tal y como apuntaba Darwin acerca de la supervivencia de los individuos. El entorno selecciona y las especies compiten entre sí, mientras intentan sobrevivir ante agentes geológicos, climatológicos, etc.

La segunda etapa evolutiva llega con el homo habilis. La presión de la selección ya no proviene de la competencia con otras especies o contra agentes geológicos y naturales externos, sino con individuos de la misma especie. En este momento, las posibilidades de supervivencia serán mayores cuanto mejores sean las capacidades sociales del individuo.

Tanto el desarrollo cerebral, como otras características del ser humano, anatómicas y físicas, se explicarían por esta competencia social. La vida social facilita, entre otras situaciones, la capacidad de caza con la organización de partidas o la defensa contra otros individuos. Porque, el único depredador del ser humano es otro grupo humano.

El componente social del ser humano puede servir para unirnos y cooperar o para matarnos. Quizá también sirva para salvar el planeta o extinguirnos definitivamente.