La contaminación produce daños cerebrales y depresión
Ya se sabe que la contaminación de las ciudades aumenta el riesgo de padecer infartos y otras enfermedades del corazón, que produce problemas en los pulmones y en las vías respiratorias, y que, en las grandes ciudades, están aumentando los casos de asma y de alergias. Pero como decía aquella frase de unos dibujos animados: no se vayan todavía, aún hay más.

Un reciente estudio señala que, además de los problemas citados, la polución de las ciudades puede causar daños cerebrales y favorecer la depresión. Desde luego, situarse a suficiente distancia de una urbe y ver la boina de aire contaminado que cubre una ciudad deprime a cualquiera, tanto por la propia visión como por ser consciente de la incompetencia de los políticos ante este grave problema. Pero volver al centro de la ciudad y respirar es aún peor.

El estudio ha sido elaborado por investigadores de la Universidad Estatal de Ohio (Estados Unidos) y señala la relación entre la contaminación y diversos daños cerebrales, así como problemas de aprendizaje e, incluso, depresión. En el estudio, el equipo de neurocientíficos expuso a ratones al mismo tipo de contaminación emitida por automóviles, plantas eléctricas y fábricas, a unos niveles similares a los que podemos encontrar en cualquier centro urbano de una gran ciudad.

Lo que descubrieron fue terrible. Tras diez meses respirando ese aire, un aire muy similar, por no decir idéntico, al que respiran millones de personas cada día, los ratones mostraron señales de depresión, ansiedad y dificultades para el aprendizaje. De hecho, se encontraron incluso diferencias físicas en el cerebro de los ratones expuestos a la contaminación si se comparaban con otros ratones que sólo habían respirado aire limpio y puro. En especial, la zona más dañada del cerebro fue el hipocampo, una parte interna del órgano y que se cree muy relacionada con la memoria, especialmente con la espacial y la orientación.

El hallazgo es más preocupante todavía si se tiene en cuenta que el aire contaminado que se usó para el experimento es muy similar a las condiciones de la vida real en las que viven los ciudadanos de una buena parte de los países en desarrollo, especialmente, India y China.