La crisis afecta a centros de recuperación de animales
La crisis económica no sólo nos afecta a los seres humanos (que, al fin y al cabo, somos los únicos responsables de que ocurra), sino también a los animales. Con la excusa del ahorro, gobiernos neoliberales (y también de otro signo político, no nos vamos a engañar) recortan presupuestos públicos. En este caso, hablamos de Castilla-La Mancha y su nuevo Gobierno, que va a suprimir algunas ayudas que recibían los centros de atención a los animales.

El ser humano perjudica en muchas ocasiones a los animales salvajes. Quizá no adrede, pero el caso es que lo hace. Un conductor puede atropellar a un lince o a un gamo y dejarle malherido. Hasta ahora, los centros que curaban a esos animales tenían fondos públicos para su labor. A partir de ahora, a no ser que el propio conductor pague la cura, el animal atropellado, probablemente, morirá.

El Gobierno que preside María Dolores de Cospedal, del PP, ha decidido despedir a todos los veterinarios de este tipo de centros en Castilla-La Mancha. Seis veterinarios, dos biólogos y otros seis ayudantes, se quedarán en la calle a partir del 31 de diciembre de 2011. Uno de los despedidos explica lo erróneo de la decisión: es como dejar los hospitales públicos sin médicos, a cargo de celadores y del personal de la limpieza.

Son los centros de El Chaparrillo (el Ciudad Real), El Ardal (en Cuenca), el Centro de Recuperación de Fauna Salvaje de Albacete y el Centro de Estudios de Rapaces Ibéricas de Sevilleja de la Jara (Toledo), el más antiguo de España. Este 2011, se han recogido en todos estos centros unos 2.500 ejemplares heridos, enfermos o muertos de especies amenazadas, como águilas imperiales, buitres negros, linces ibéricos, alimoches y búhos reales.

El presupuesto de la Red de Centros de Recuperación de Fauna Silvestre de Castilla-La Mancha es de 500.000 euros anuales. Un veterinario gana unos 1.300 euros al mes.

Algunos de estos centros comenzarán esta misma semana a trasladar sus animales a instalaciones de otras comunidades. Un águila ratonera llegó con una pata amputada a uno de los centros y el personal presente tuvo que conformarse con dejarla agonizar. No había ningún veterinario que pudiera hacerse cargo del animal.