La cruel práctica de la caza usando <i>parany</i>
Hasta cuatro millones de aves migratorias atravesarán una zona en la que pueden ser asesinadas por cazadores ilegales en España. Se trata de trampas ilegales y crueles, ya que usan pegamento y producen una muerte lenta a los animales. Ocurre en esta época del año, el otoño, cuando especies como los zorzales vuelan hacia el sur para pasar el invierno en las regiones mediterráneas.

Y, como cada año, un puñado de cazadores ilegales pueden llegar a matar a aproximadamente dos millones de aves en esta época: seis semanas a finales de otoño en las que los cielos españoles se llenan de especies migratorias. En Castellón, en el Levante de la Península Ibérica, ya hay cientos, quizá miles de trampas llamadas parany o barraca. Es éste un método practicado históricamente en la Comunidad Valenciana, Cataluña y Aragón que consiste en uno o varios árboles que destacan sobre el terreno que han sido convenientemente transformados, mediante poda, para alojar en su interior un entramado de varetas impregnadas con un tipo de pegamento.

Las aves son atraídas al interior de estos árboles-trampa con la ayuda de reclamos vivos o electrónicos. Una vez allí, el pegamento se adhiere al plumaje del ave, de modo que pierden la capacidad de vuelo y caen al suelo, donde son recogidos por los cazadores, que proceden a matar a los pájaros de un golpe, rompiéndoles el cuello o aplastándoles el cráneo.

Muchas de estas aves atrapadas ilegalmente terminan vendiéndose como tapas en los bares, fritas. Algunos defienden la práctica porque son parte de un patrimonio cultural que se remonta a la época romana. Hay imágenes de este tipo de trampas en los mosaicos de Pompeya, ha señalado Miguel Angel Bayarri, de la asociación de cazadores Apaval. Es una tradición que ha existido durante siglos y que quieren seguir conservando.

Lo que es ilegal no es la caza de estas especies en sí, sino el método que se usa, un método cruel y nada deportivo, por lo demás. Los activistas por los derechos de los animales luchan para que se controle con más dureza esta práctica. Existen condenas por parte de los tribunales de Madrid y también del Tribunal Europeo. Pero se siguen atrapando los pájaros impregnando las plumas con pegamento.

Además, a parte de los pájaros que son objetivo de los cazadores, otras especies caen en esas trampas. Según los ecologistas, dos de cada cinco aves que caen en las trampas parany no se tordos, sino insectívoros que emigran como petirrojos, currucas o colirrojos. También aves locales, como los búhos, pueden quedar atrapados en estas trampas.