La desertificación
La desertificación es la degradación de las tierras de zonas áridas, semiáridas y subhúmedas secas resultante de diversos factores, tales como las variaciones climáticas y las actividades humanas, según la definición de la Convención de Naciones Unidas de Lucha contra la Desertificación (CLD). Esta definición tiene valor vinculante para todos los Estados y organizaciones pertenecientes a la institución.

La desertificación y la sequía amenazan seriamente los medios de subsistencia de más de 1.200 millones de personas en todo el mundo, que dependen de la tierra para satisfacer sus necesidades primordiales. Estos dos desastres naturales menoscaban la productividad de la tierra, la salud y la prosperidad de las poblaciones en más de 110 países. Aunque la desertificación afecta en mayor medida al continente africano, es un problema que no se circunscribe a este continente, sino que una tercera parte de la superficie terrestre se encuentra amenazada, incluidos los países del Mediterráneo.

Según la CLD, las zonas susceptibles de sufrir desertificación son aquellas zonas en las que la proporción entre la precipitación anual y la evapotranspiración potencial está comprendida entre 0,05 y 0,65. La evapotranspiración potencial es el agua devuelta a la atmósfera en estado de vapor por un suelo que tenga la superficie completamente cubierta de vegetación y, en el caso de no existir limitación en el suministro de agua (por lluvia o riego), para obtener un crecimiento vegetal óptimo.

De acuerdo con esta definición, amplias zonas de España (y de los demás países mediterráneos) se encuentran potencialmente afectadas por este proceso. De hecho, más de dos terceras partes del territorio español pertenecen a las categorías de áreas áridas, semiáridas y subhúmedas secas. En el mapa de aridez de España (en la imagen) se observa que toda la mitad sur, a excepción de las cadenas montañosas más elevadas, más la meseta norte, la cuenca del Ebro y la costa catalana entran dentro de las categorías de tierras áridas, semiáridas y subhúmedas secas, y por lo tanto estas áreas son susceptibles de desarrollar el fenómeno de la desertificación. En fin, casi toda la península.