La despoblación y las fuentes de energía sucias aumentan el riesgo de incendios
Los incendios que se producen en la región mediterránea son cada vez más grandes y frecuentes. Diversos factores contribuyen a ello. Pero, en todo caso, se está perdiendo el bosque mediterráneo. Y, por una vez, que el ser humano se aleje de la naturaleza no es beneficioso, ya que una de las causas del proceso es el éxodo rural y los cambios en uso en los suelos.

Así se desprende de un estudio publicado recientemente en la revista Climatic Change. En el trabajo se analizan las causas y características de los incendios en la cuenca mediterránea en las últimas décadas. El estudio ha sido elaborado por los investigadores Santiago Fernández Muñoz, profesor de la Universidad Carlos III de Madrid (UC3M), y el ecólogo del Consejo Superior de Investigaciones Científicas Juli Pausas.

Para elaborar el trabajo, los autores crearon una completa base de datos de los incendios históricos en la provincia de Valencia. Después, la relacionaron con la evolución del clima y con las transformaciones sociales y territoriales de la región. La investigación es, a la postre, la más completa base de datos sobre la evolución de los incendios en la cuenca mediterránea.

La conclusión es que existe un cambio relevante en el número y, sobre todo, en el tamaño de los incendios forestales durante la década de los setenta, precisamente cuando el éxodo rural y la transformación en los usos del suelo se habían concretado y ya no había vuelta atrás.

La despoblación de los espacios rurales tuvo como consecuencia un abandono de espacios agrícolas que se encontraban entre los espacios forestales. En pocos años, los que fueron campos de cereal fueron invadidos por vegetación inflamable situada cerca del bosque mediterráneo.

Además, se redujo la extracción de leña, pues se optaba por otras fuentes de energía, y los paisajes rurales se convirtieron en una bomba de relojería que, en cualquier momento, estallaría en grandes incendios, como así sucedió. El modo de vida rural, el recoger leña limpiaba los montes de maleza, lo que era un forma, quizá sin que se supiera, de prevenir los incendios.

Los investigadores también han descubierto que se incrementan los incendios a partir de una densidad poblacional de 0,6 habitantes por kilómetro cuadrado. No había nadie para apagarlos. Ni siquiera para avisar de que el bosque ardía.