La dieta occidental engorda el cambio climático
Una dieta puede ser alta en grasas, en nutrientes… y también en emisiones de gases de efecto invernadero. Y es que, sin ir más lejos, el modelo de alimentación occidental, rico en lácteos y carne de res, está alimentando el problema del calentamiento global de un modo que podría llevarnos a una situación irreversible, advierte un reciente estudio.

En realidad, es algo que ya sabíamos. El futuro o, mejor, un futuro sostenible, es mucho más compatible con una dieta vegana o basada en proteínas alternativas (insectos, carne de ave, de cerdo, etc.) que con la típica dieta occidental, excluyendo la dieta mediterránea y cualquier otra baja en proteína animal.

La dieta de los 4 grados

Si por un lado la escasez de alimentos podría obligarnos a hacernos vegetarianos, por otro ocurre justo lo contrario, pues hacerlo antes de que sea demasiado tarde evitaría llegar a ese punto de no retorno. En concreto, la dieta occidental no sólo no ayuda a frenar el cambio climático, sino todo lo contrario, con el agravante de que se espera que el consumo de carne y lácteos aumente en las próximas décadas en los países en vías de desarrollo y emergentes.

La dieta occidental engorda el cambio climático
Según una encuesta realizada a 12 países desarrollados por Chatham House de Londres (Reino Unido), instituto independiente que busca crear conciencia sobre temas globales que preocupan, la inconsciencia de los ciudadanos y la inoperancia de los políticos y organismos internacionales no hacen prever un futuro más prometedor, con lo que será imposible alcanzar el objetivo de no superar los 2 grados centígrados. Curiosamente, ya se define la dieta occidental como la “dieta de los cuatro grados”, aludiendo a que por su culpa la temperartura podría dispararse 4 grados.

El estudio señala que sólo el sector ganadero contribuye en un 15 por ciento en emisiones de gases de efecto invernadero, una cifra simlar a la polución de los tubos de escape de los vehículos. Además, los autores lamentan que no se luche contra la industria ganadera del mismo modo que se hace con el CO2 de los coches, cuando además el metano es un gas mucho más contaminante que aquel.