La energía solar del futuro: paneles espaciales y celdas de plomo o estaño
Construir paneles solares en el espacio y enviar desde allí la energía capturada parece una locura o, si se quiere, una interesante innovación. Hoy por hoy, prácticamente ciencia ficción. Pero, ¿y en el futuro? En un futuro próximo Japón podría hacerlo realidad. Por otra parte, las nuevas tecnologías se mueven hacia el low cost, proponiendo soluciones que resultan más económicas que el convencional cristal de silicio, como ocurre con el uso del estaño o el plomo para la fabricación de las celdas.

Volviendo al proyecto nipón, que consiste en instalar paneles en el espacio, según ha anunciado la Agencia de Exploración Aeroespacial de Japón (JAXA), éstos girarían alrededor de la Tierra, acumulando energía solar y enviándola a su país del sol naciente. ¿Las ventajas? Más eficiencia gracias a una mayor absorción de radiación al no existir atmósfera, además de recibir sus rayos las 24 horas. Se espera que el proyecto esté listo en 2030.

Paneles solares de estaño y plomo

Otra posibilidad son las células solares de materiales alternativos al cristal de silicio. El estaño, por ejemplo, es una prometedora solución, pues se trata de un material barato y abundante y los resultados son similares a los actuales. Sin embargo, su sustitución por plomo está ganando terreno por conseguirse más eficacia. Lamentablemente, además, es mucho más contaminante.

La energía solar del futuro: paneles espaciales y celdas de plomo o estaño
Mientras la Universidad de Northwestern obtuvo un panel solar de plomo con una eficiencia del 15 por ciento de conversión de energía, la fabricada por la Universidad de Oxford con este mismo material alcanzaba el 17 por ciento, y en ambos casos se espera llegar al 20 por ciento. Mucho más modesta es su versión de estaño, con un triste 6 por ciento.

Los paneles de estaño tienen la particularidad de componerse de cinco capas. El estaño se encuentra en la tercera de ellas, en forma de metialamonio de yoduro de estaño, que ha de sellarse para evitar que no se oxide ni corroa. Finalmente una fina capa de oro forma el electrodo de contacto.