La huella hidrológica
Se habla mucho de la huella de carbono, la cantidad de dióxido de carbono que se emite a la atmósfera al realizar una actividad, celebrar un evento, en la vida diaria de una persona, en el funcionamiento de una empresa, etc. Pero no menos importante, aunque sí menos mentada, es la huella hidrológica, esto es, el total de agua usada para producir los bienes y servicios consumidos por una persona, un colectivo, asociación o empresa, o un país.

Siguiendo con la comparación con la huella de carbono, sería muy conveniente para el medio ambiente que tanto las personas, como entes individuales que son, como las empresas e instituciones, realizaran una medición de su huella hidrológica para, después, tomar una serie de medidas encaminadas a su reducción. Como media, un ciudadano que vive en España consume cada día unos 2.740 litros de agua. Demasiada.

Otro concepto que se empieza a usar es el de agua virtual. Se trata de la cantidad de agua que se necesita gastar para elaborar y distribuir un bien o servicio. Por ejemplo, para producir un litro de aceite se necesitan 350 litros de agua, mientras que para producir un kilogramo de carne se necesitan 15.000 litros. Por eso muchos ecologistas abogan por ser vegetariano o, al menos, reducir el consumo de carne.

Según un estudio llevado a cabo por jóvenes investigadores de la Universidad Politécnica de Madrid y patrocinado por la Fundación Marcelino Botín, se calcula que la huella hidrológica española se sitúa en unos 50.000 millones de metros cúbicos. Dicho de otra forma, cada residente en España necesita, de media, algo más de un millón de litros de agua al año. Por su parte, un estadounidense necesita unos 2,5 millones de litros y, un chino, 700.000 litros. Parece, por tanto, que cuanto más desarrollo, más consumo de agua. Los que más tienen, menos valoran lo precioso que resulta este recurso. Esto es especialmente criticable en países secos como España.

Ya se están proponiendo medidas para compensar el gasto de agua, parecidas, de nuevo, a la compensación de carbono. Se trataría de un “comercio de agua virtual” donde empresas o países compensarían su gasto hidrológico con proyectos ecológicos en países menos desarrollados.