La importancia de la biodiversidad en las praderas
Para los amantes de la naturaleza, las praderas son enclaves de ensueño. En el imaginario colectivo se identifican con el símbolo de la libertad, del aire libre. Son ese lugar donde podemos respirar a pleno pulmón, dar un fabuloso paseo o, cómo no, tumbarnos sobre el mullido verde o alfombra multicolor para soñar despiertos, mientras observamos las nubes…

Más allá de estas bonitas ensoñaciones, cuando están en todo su esplendor, las praderas son ecosistemas ricos en biodiversidad, concretamente biomas, cuya principal vegetación se compone de hierbas o pastos.

Como bioma terrestre, la pradera es un área geográfica de gran tamaño, el hábitat de un determinado tipo de flora y fauna que han sido capaces de adaptarse al mismo. Sus características dependerán de distintos factores locales, como el clima (incluyendo el cambio climático) y su biodiversidad, cuya riqueza no suele significar gran variedad de especies.

La importancia de la biodiversidad en las praderas
No, al menos, en términos comparativos, sobre todo si pensamos en la biodiversidad que pueda haber en una selva, por ejemplo. Entre otras especies, en las praderas abundan los insectos, pequeños y grandes mamíferos y aves.

Siendo más concretos, desde un enfoque biológico, es interesante aclarar que dentro de un bioma podemos encontrar diferentes ecosistemas interdependientes. De ahí la importancia de preservar el equilibrio de su biodiversidad como un todo.

Los cambios, una amenaza

De hecho, a medida que se producen cambios en un bioma, su biodiversidad resulta amenazada. Algunos de los seres vivos de sus ecosistemas pueden sufrir las consecuencias más que otros.

La importancia de la biodiversidad en las praderas
No todos serán capaces de adaptarse a los cambios, y mueren. Es decir, desaparecen, con lo que a su vez esta desaparición provoca nuevos cambios que afecta a flora y fauna. En algunos casos para bien y en otros para mal, dependiendo de cada caso, pero como bioma o conjunto de ecosistemas interdependientes, solo el equilibrio será lo deseable.

Sobrevivir al cambio climático

Obviamente, los eventos extremos que conlleva el cambio climático son una seria amenaza para la biodiversidad de las praderas. Curiosamente, sin embargo, la biodiversidad es un arma para resistir mejor este tipo de fenómenos.

De acuerdo con un estudio publicado en la revista Naure en la edición del 14 de octubre de 2015, las praderas que se caracterizan por una alta biodiversidad son más resistentes a las sequías y las lluvias torrenciales. Es decir, no solo son capaces de recuperarse sino también de resistirlo, por lo que encontramos en su preservación una valiosa herramienta para combatir los efectos del cambio climático.

¿Por qué preservarla?

Cuidar la biodiversidad de las praderas significa velar por su equilibrio y preservar áreas maravillosas en las que bulle la vida, y de las que podemos disfrutar por su valor paisajístico y la atmósfera de paz que rezuman.

Pero no solo eso. Además de ser hermosos cumplen funciones primordiales para la salud del planeta y, por lo tanto, también para el ser humano. Solo un par de datos para hacernos pensar en su importancia: los pastizales cubren entre una quinta y dos quintas partes de la superficie terrestre y son el hogar de más de una décima parte de la humanidad.

La importancia de la biodiversidad en las praderas
Desde una visión utilitaria, son lugares con alto valor forrajero, entornos idóneos para practicar la ganadería ecológica. A su vez, ayudan a preservar la biodiversidad en entornos agrícolas.

Tanto en aquellos campos de cultivo colindantes en los que se practica la agricultura ecológica como en aquellos otros en los que el modus operandi convencional acaba con ella a golpe de pesticidas químicos.

En este caso, las praderas naturales son reductos de biodiversidad que sirven de refugio a los polinizadores, cada vez más amenazados, hasta el punto de peligrar su supervivencia. Y, con ella, la nuestra.

La importancia de la biodiversidad en las praderas
Cuidar las praderas es también dar una oportunidad de vida en libertad a animales en peligro de extinción, como los bisontes, al tiempo que ayudan a su equilibrio.

En América del Norte, por ejemplo, los bisontes encuentran un hábitat inmejorable, y contribuyen a que las praderas recuperen su biodiversidad de antaño.

Igualmente, un pastoreo no invasivo resulta enriquecedor, tanto por el abono natural que implica como por todo lo contrario, ya que mediante su voracidad son capaces de atemperar la alteración que supone la sobrefertilización provocad por el hombre.

Lo consiguen comiendo las plantas de cultivo, que actúa como factor desestabilizador, en especial por la altura que alcanza. Es comiéndola como logran que la luz llegue a las especies nativas, mejorando el equilibrio del ecosistema, según concluyó un estudio publicado el 9 de marzo del 2014 en la edición digital de la revista Naure.

Cuidar las praderas

La accesiblidad y bondad del clima hace de las praderas espacios naturales muy vulnerables. Aunque hay parderas cálidas y frías, suelen abundar en las zonas templadas del planeta.

Preservarlo mediante acciones concretas que busquen este objetivo es estupendo, qué duda cabe, pero el simple hecho de no perjudicarlas es ya todo un logro. Es lo que hacemos cuando se convierten en unidades productivas, por lo general ganadería industrial, aprovechando el enclave para la alimentación, si bien también las usan como pasto los pastores nómadas.

Su belleza también contribuye a convertirlas en lugares de atracción turística y precisamente por ello es esencial estar concienciados sobre la importancia de conservar su equilibrio.

La importancia de la biodiversidad en las praderas
La ruta de Tioga Road que lleva al Parque Nacional de Yosemite, en California, es uno de esos planes alternativos que permite disfrutar de Tuolumne Meadows, una gran pradera que sin ser tan conocida como el parque sí recibe visitas masivas cada año.

Como pradera es espectacular, tanto por su extensión como por el río Tuolumme que la cruza. Además, está rodeada por grandes picos de más de 4.000 metros, que los visitantes gustan admirar y en la que también esquían en invierno.

Toda una atracción turística que por un lado supone un impacto ambiental, y por otro un motivo para conservarla, pues es un gran negocio para la economía local. El ideal es encontrar ese punto razonable en el que ganar dinero y disfrutar de un entorno incomparable no castigue la zona en exceso.

Por su parte, el uso de las praderas para el pasturaje también exige buscar fórmulas que encuentren el equilibrio entre la productividad y la biodiversidad. Si fuese necesario, interviniendo de forma regular para su mantenimiento o recuperación.