La inteligencia de los delfines
Si la inteligencia es la capacidad de conocer, aprender y analizar, no puedo sino afirmar que los delfines son inteligentes. Y no es algo que diga a la ligera, mas sí tras haber analizado varios estudios sobre la estructura del sistema nervioso del delfín y sobre su comportamiento.

El cerebro de un delfín es superior al de un ser humano, no sólo en su tamaño en relación al resto del cuerpo, sino también por lo que a su estructura respecta: el córtex, la parte más nueva evolutivamente hablando del cerebro y la zona donde se genera la conciencia de uno mismo y del entorno, es más compleja en los delfines que en los humanos. Ello ha llevado a que algunos investigadores hayan llegado a la conclusión de que el intelecto del delfín es superior al nuestro, aunque distinto. Nosotros somos especialistas en adaptar el medio a nuestras necesidades; en cambio, los delfines estarían mejor preparados para aprovechar todas las posibilidades que les ofrece el medio en el que viven, pero sin alterarlo.

Todos los animales se comunican entre sí, pero los delfines tienen un sistema tan complejo de señales que no puede más que pensarse que estamos ante un auténtico lenguaje. Emiten sonidos muy diversos: chillidos, gruñidos, gorjeos y golpeteos, pero no los emiten al azar, sino que parece que siguen pautas; por ejemplo, parece demostrado que realizan preguntas y respuestas. Los sonidos que emiten los delfines no sólo les sirven para comunicarse, sino también para orientarse: los ecos de la emisión de sonidos de frecuencia baja les sirven para orientarse, y los producidos por frecuencias más altas les dan información, con una precisión asombrosa, acerca de los posibles obstáculos que puedan encontrar.

Los delfines son animales sociales que viven en manada, lo cual les favorece tanto para defenderse de los ataques de los depredadores como para asegurar el éxito de la caza. Las madres y los demás adultos del grupo enseñan a los pequeños a comunicarse. Es sabido también que los miembros jóvenes ayudan a los más viejos, por ejemplo sosteniéndoles en la superficie para que respiren sin cansarse demasiado.