¿Qué es la intensidad energética?
La energía necesaria para producir una determinada cantidad de riqueza es un concepto económico que puede definirse como intensidad energética (IE), si bien se trata de un concepto muy complejo. A continuación veremos cómo muchas de sus variables están relacionadas con los objetivos que persiguen las políticas energéticas verdes.

Como ocurre con otros muchos conceptos económicos, también a la hora de valorar la eficiencia energética de un país es necesario tener en cuenta otros indicadores económicos, pues su uso suele hacerse con respecto a ellos. Entenderlo, por lo tanto, precisa conocerlos y relacionar las distintas variables en un mismo contexto.

Una breve definición

Si buscamos una definición sencilla y breve, podemos considerar la IE como la cantidad de energía que consume un país por unidad de Producto Interior Bruto, la principal medida de la riqueza de un país.

Es decir, si ésta crece, será una buena noticia, y ocurrirá todo lo contrario si disminuye, aunque el resultado variará a nivel ambiental en función de esta variable clave. Como medida macroeconómica (parte de la teoría económica que realiza el estudio general de la misma economía, mostrando su éxito o fracaso) ayuda a medir la eficiencia energética.

¿Qué es la intensidad energética?
Como vamos a ver a continuación, podemos distinguir entre intensidad energética primaria (consumo de energía primaria /PIB) e intensidad energética final, relacionada con el consumo de energía final en relación a este indicador, unos de los más utilizados en la economía.

En concreto, este indicador nos muestra la relación entre el consumo energético y el volumen de la actividad económica. Su cálculo es el cociente entre el consumo energético y el PIB. Volviendo a la primera definición, encontramos que la IB es el valor medio de la cantidad de energía necesaria para genera una unidad de riqueza.

Es decir, cuanta más energía se consuma por cada unidad menor eficiencia energética tendrá ese sistema, en este caso un país, pues estamos relacionándolo con el PIB. Sus resultados, lógicamente, se valoran no solo en términos absolutos, sino también en relación a la evolución que se observa a lo largo del tiempo. En este sentido, las estadísticas son de gran valor.

Un enfoque ambiental

En un primer momento, el sentido común nos dice que un menor consumo de energía supone no solo un ahorro económico sino también una ventaja ecológica. No en vano, el consumo de energía es uno de los grandes problemas cuando se busca la tan necesaria sostenibilidad. Hoy en día, además, un imperativo en lo que respecta a la emisión de gases de efecto invernadero.

¿Qué es la intensidad energética?
Por lo tanto, el uso de combustibles fósiles y otras energías contaminantes son un factor a tener en cuenta a la hora de valorar la eficiencia como valor que arroja este indicador. A su vez, la interpretación de los resultados de la IE tiene en cuenta otras variables, que a su vez influyen en su evolución, como la estructura industrial, el nivel de equipamiento, la evolución económica y de precios, el clima o, por ejemplo, la geolocalización.

De entre ellos, algunos también están relacionados con una política energética que persiga la sostenibilidad, como la disponibilidad de recursos autóctonos y materias primas o la diversificación energética, ambos elementos clave para el logro de un desarrollo económico sostenible.

¿Qué es la intensidad energética?
En concreto, España necesita aumentar la variedad de fuentes de energía, sobre todo de renovables, para evitar su dependencia externa y reducir la polución. Por otra parte, es una situación que se repite en países que dependen energéticamente del exterior, un mal hoy muy habitual, pues en las sociedades actuales tanto a nivel productivo como doméstico se hace un uso intensivo de la energía.

IE primaria y final

Cuando hablamos de IE primaria estamos centrándonos en la energía primaria consumida, ya se trate de fuentes fósiles (carbón, gas, petróleo) o de energías renovables. Desde un enfoque verde, su índice aumentará, es decir, la IE mejorará cuando, por ejemplo, aumente el consumo de las energías renovables.

O, pongamos por caso, también si aumenta la eficiencia de la transformación de la energía primaria en electricidad. Si de sostenibilidad del sistema energético se trata, la reducción del uso del carbón y el aumento de la energía hidráulica contribuyen a la misma, pero también es cierto que ésta no es del todo ecológica. Por lo tanto, habría muchas otras fuentes de energía limpia que podrían arrojar mejores resultados.

Por su parte, la intensidad energética final tiene en cuenta el consumo de energía por parte del usuario final mediante el uso de electricidad o combustibles refinados, que bien podrían proceder de fuentes limpias o ser biocombustibles. De nuevo, la diferencia a nivel de respeto ambiental puede ser radicalmente distinta en función de su origen.

¿Qué es la intensidad energética?
Por lo tanto, además de la evolución que experimente la IE en uno u otro país, -en España las cifras no invitan el pesimismo, precisamente, sobre todo en los últimos años- el aumento de la eficiencia energética será de mayor o menor calidad en materia ecológica.

Los análisis pormenorizados al respecto pueden hacer luz sobre los diseños de políticas más adecuados para mejorar la sostenibilidad energética de un determinado país. No solo es importante llevar a cabo una sostenibilidad que reduzca la dependencia exterior, sino también compatibilizarla con el respeto ambiental en sus diferentes vertientes. Sin duda, uno de los más importantes desafíos de la actualidad a nivel global. De ello depende el logro de un desarrollo sostenible que garantice al tiempo bienestar social y respeto ambiental.