La invasión del mejillón cebra es irreversible
Una especie entra en un ecosistema que no es el suyo, quizá por descuido de alguien, de algún turista o de algún responsable de política ambiental de alguna administración pública, y de repente, al no existir ningún depredador que controle su población, se expande hasta convertirse en una invasión. Hasta que acaba siendo una plaga que afecta a todo ese ecosistema e, incluso, lo pone en peligro. ¿La solución? Lamentablemente, en muchos casos, una vez ocurrida la catástrofe, ya no hay.

La Universidad de Valencia (España) ha llevado a cabo un estudio sobre la expansión y control del mejillón cebra en espacios naturales que no le son propios. Con el apoyo del Ministerio de Medio Ambiente, y Medio Rural y Marino, que lo ha financiado con 690.000 euros, se han estudiado once poblaciones españolas de mejillón cebra (Dreissena polymorpha).

Según Amparo Torreblanca, responsable del proyecto y profesora del departamento de Biología Funcional y Antropología Física de la UV, las poblaciones establecidas en las cuencas de los ríos españoles han sido capaces de adaptar su funcionamiento a diferentes condiciones ambientales, incluyendo la contaminación química. Además, muestran un prolongado periodo reproductor. En conclusión, el mejillón cebra ha venido para quedarse.

El estudio se ha elaborado con el objetivo de diseñar estrategias específicas para el control de la especie invasora y para crear nuevas metodologías para luchar contra su expansión en espacios acuáticos naturales o en instalaciones cerradas.

El mejillón cebra es una especie invasora que ha proliferado en ríos y lagos de España y Norteamérica. Proviene de las cuencas de los mares Negro y Caspio y supone un grave riesgo medioambiental y, por tanto, también socioeconómico. En España, la invasión comenzó en 2001 en el embalse de Flix, desde donde se produjo una dispersión a otros pantanos de la cuenca del Ebro y otros puntos hasta colonizar completamente esta cuenca. Pero también se ha visto afectada la cuenca hidrográfica del Júcar.

La expansión del mejillón cebra supone un grave impacto ambiental porque altera el equilibrio ambiental de los ecosistemas, pero también supone un negativo impacto económico. Tanto en Estados Unidos como en la cuenca del Ebro, la invasión ha costado millones de euros. Entre otros problemas, obstruye infraestructuras y canalizaciones hídricas.