La isla de plástico del océano Atlántico sigue creciendo
Vamos de mal en peor. La basura de plástico del océano Atlántico, en vez de disminuir, aumenta. Nuevas observaciones hechas desde satélite evidencian un aumento en la ya famosa y cada vez más cerca de considerarse clásica mancha de basura flotante que se extiende por miles de kilómetros cuadrados en un área remota del océano Atlántico.

Aunque muchos medios de comunicación se han hecho eco de esta aberración medioambiental, aunque muchos ciudadanos conocen su existencia y (se supone) saben lo que hay que hacer para que no siga creciendo el monstruo, aunque científicos y ecologistas han alertado sobre el terrible impacto que supone, la gran balsa de plástico sobre el mar sigue creciendo.

Toneladas flotantes de desechos, casi todos plásticos, a la deriva. Tal vez, a este paso, se convierta en una atracción turística (hay quien la llama el octavo continente). Pero no se trata de una curiosidad. No es otra cosa que un desastre ambiental. Y, lo pero de todo, es precisamente que, aun conociéndolo, empeora. Los países con costa no controlan los vertidos al agua. Y la basura sigue acumulándose en ese punto debido a las corrientes marinas.

La tecnología, en concreto, los satélites, demuestran que el problema, lejos de solucionarse, está empeorando día a día. Científicos y oceanógrafos siguen advirtiendo de que el llamado gran basurero del Atlántico es muy perjudicial para los peces, los mamíferos marítimos e, incluso, para los seres humanos, que somos, en definitiva, los consumidores finales de la cadena alimenticia.

Este fenómeno, evidentemente, no ocurre de un día para otro. Son decenas de años acumulando plástico en el mar. Por desgracia, los efectos negativos en el ecosistema durarań también décadas, si no más. Como el daño afecta a aguas internacionales, nadie se responsabiliza. Nadie se hace cargo, nadie lo limpia, nadie retira la basura.

Se calcula que ya hace varios años que se formó la isla de basura plástica en el Pacífico. Poco después se descubrió otra isla de residuos en el Atlántico. Retirar todos estos desechos resulta muy costoso ya que hay que trabajar con toneladas de material tóxico y se requieren embarcaciones, equipos y tripulación especializada. En cambio, evitarlo es tan sencillo como no arrojar plástico a los océanos.