La liberalización de los horarios comerciales, una medida poco ecológica
En España, en unos meses, la nueva ley de Dinamización del Comercio completará la liberalización total de horarios en los establecimientos de Madrid. Cada tienda podrá elegir qué días y en qué horario abrir. Seguro que muchos ciudadanos piensan que la medida les favorece: hay trabajadores con horarios laborales interminables que les dificultan ir a la compra un día que no sea el sábado. Además, ¿a quién puede perjudicar que cada tienda elija su propio horario?

Pero el caso es que a los que va a beneficiar la medida es a las grandes superficies y a los supermercados, mientras que para las pequeñas tiendas y los mercados tradicionales la medida resultará un problema que hará cerrar más de un negocio. Organizaciones como Ecologistas en Acción critican la nueva ley porque reafirma un modelo de distribución minorista que se ha mostrado social y ambientalmente insostenible.

Madrid se convertirá en la primera Comunidad Autónoma donde los establecimientos podrán decidir su horario durante todos los días del año. El 40% de los comercios no tiene trabajadores y el 23% sólo cuenta con un empleado. Por lo tanto, no podrán beneficiarse de esta medida. A no ser que trabajen una jornada de doce horas o más y no descansen ningún día.

Las asociaciones de consumidores también han criticado la ley. Creen que muchos establecimientos acabarán cerrando dada su incapacidad para competir con las numerosas grandes empresas que se verán favorecidas con esta medida. Algo que ya estaba ocurriendo. Se está acabando con el modelo de pequeño comercio de barrio, más redistributivo y socialmente beneficioso. Además, va a eliminar puestos de trabajo y a destruir el tejido social local.

Pero, además, desde el punto de vista de la sostenibilidad, se beneficia a las grandes superficies y a supermercados, es decir, un modelo que requiere el empleo desorbitado de energía y materiales, con repercusiones negativas para muchos ecosistemas. Un hiperconsumo que se desarrolla en un mundo globalizado gracias a los suministros (petróleo, gas natural, productos agrícolas…) que los países del Tercer Mundo hacen a los países ricos y que los productores de estos países sufren las políticas de precios mínimos impuestas por las grandes multinacionales de la distribución.

Más coches, más contaminación

A ello hay que añadir que las grandes superficies y los centros comerciales han supuesto un modelo de reordenación de la ciudad que encarece enormemente el gasto público (en infraestructuras, gestión de recursos, transporte público, etc.) y dificulta la planificación de la ciudad: más usuarios de coches particulares concentrados en punto concretos de la ciudad a la misma hora: los centros comerciales y el centro de las ciudades por la tarde y los sábados. Más tráfico, más atascos, más contaminación.

Por otro lado, este tipo de establecimientos son espacios que usan técnicas de mercadotecnia para incitar al consumismo. En otras palabras, se incita a acabar con los recursos naturales y finitos del planeta. La nueva Ley de Dinamización del Comercio en Madrid es una liberalización económica que no hará más que fomentar un aumento de las compras por impulso, el consumo compulsivo y hará que los ciudadanos asocien ocio y gasto. Ir de compras es, cada vez más, una forma de pasar la tarde del sábado.

En definitiva, una cultura del despilfarro y del consumo compulsivo, una forma de vida que nos ha llevado a la crisis que todavía sufrimos. En vez de luchar por otro tipo de sistema, reincidimos en los errores. La crisis no pasará y el planeta se resentirá. Los poderes públicos olvidan que el crecimiento no es ilimitado.

La última palabra la tienen los consumidores, es decir, todos los ciudadanos. Sin embargo, cada vez se lo ponen más difícil, cada vez tienen menos posibilidades para elegir. Un consumo crítico y responsable es, en muchos casos, difícil de poner en práctica, cuando no imposible. Hay que luchar por la filosofía de tener menos para vivir mejor.

La liberalización de los horarios comerciales, una medida poco ecológica