La lucha de unos padres por que su hijo vaya al colegio en bici
A veces parece que los ciudadanos que no quieren contaminar el ambiente, usando un medio de transporte que no contamina, son precisamente los que lo tienen más difícil. Hace poco os contábamos el caso de un padre que fue multado por ir a recoger a sus hijas en bicicleta.

Algo que no ocurre sólo en España. En Estados Unidos, una familia también tiene que luchar para que su hijo pueda ir al colegio en bicicleta. Janette y Clem son los padres de Adam, un chaval que sufre diabetes tipo 1, por lo que ha perdido algo de visión. La familia se mudó a Saratoga Springs, a unos 350 kilómetros de Nueva York. En el camino al colegio, tienen que cruzar Maple Avenue, la avenida principal para acceder al centro educativo, una vía muy transitada y peligrosa.

Con todo, no parecía que hubiera ningún problema. Pero el director adjunto del colegio, Robert Loggins, les dijo que no estaba permitido llegar en bici al colegio. Le parecía una idea de lo más extraña. ¡Lo raro es desplazarse sin contaminar! A este punto hemos llegado.

Pero esto no siempre fue así. En los sesenta y los setenta del siglo pasado, la mitad de los niños estadounidenses acudía al colegio en bici o a pie. En la actualidad, sólo lo hace un 13%. Las escuelas cada vez se ubican más lejos de los hogares, a una distancia imposible de recorrer en bici cada día. Se vive en las afueras y se hace vida en el centro (las compras, el ocio, el trabajo, la escuela…).

Sin embargo, la mayoría de los que tienen la suerte de vivir cerca del centro educativo también llegan en coches conducidos por sus padres (o un adulto). En Estados Unidos, sólo un 38% de los estudiantes que viven a menos de 1,5 kilómetros de la escuela caminan o pedalean hasta su colegio. Se está malcriando a los niños.

Excusas, hay muchas. La seguridad, la principal. Tanto en lo que se refiere a la seguridad vial, al riesgo de accidente en carretera, como a la seguridad personal (robo, secuestro… ya se sabe que la mayoría de estadounidenses viven en un continuo temor a que les pase algo en la calle).

Volviendo al caso de la familia Marino, la escuela, ante la presión mediática, de otros padres e incluso de los dos partidos mayoritarios, Republicanos y Demócratas, que, por una vez, estaban de acuerdo en algo, se comprometió a cambiar la normativa. Pero cuando comenzó el curso, después de las vacaciones de verano, seguía en vigor. Los Marino no están solos. Otros padres quieren que sus hijos vayan en bici a la escuela. La lucha continúa. Y la opinión pública apoya a los ciclistas.