La naturaleza cada vez está más furiosa
Parece que el planeta se siente atacado por el ser humano y se está defendiendo. El clima de la Tierra es un sistema interconectado, en el que sus elementos están relacionados, que busca un equilibrio, de algún modo. Ese equilibrio está siendo transformado por la actividad humana como nunca antes en la historia. La naturaleza reacciona. Si atacas a un animal, se defiende. ¿Se está defendiendo la Tierra, furiosa, ante el comportamiento irresponsable del hombre?

La relación es clara y directa. El ser humano produce toneladas de dióxido de carbono (CO2) y otros gases que contribuyen al efecto invernadero, que causa el calentamiento global. Este cambio en el clima tan rápido no puede ser asimilado por el planeta y se produce un desequilibrio que está aumentando los fenómenos climatológicos extremos, sequías más duraderas, huracanes más potentes que llegan a latitudes que nunca antes habían alcanzado y mayor actividad volcánica.

En cierto modo, el planeta es un sistema vivo y como tal se comporta. Igual que el ser humano tose para defenderse de organismos extraños y dañinos para el cuerpo, el planeta tiene reacciones furiosas, extremas, sorprendentes, en algunos casos, para defenderse de lo que altera su equilibrio natural. El ser humano se convierte en un virus para la Tierra y quizá ésta quiera eliminarlo o, al menos, minimizar sus efectos perjudiciales.

El último año ha sido una clara prueba de ello. En el año 2012 han abundado los fenómenos meteorológicos extremos en todo el mundo. Desde huracanes a inundaciones, pasando por tornados, tormentas que causaron incendios y la sequía en muchas regiones del mundo, algunas insospechadas, como buena parte de Estados Unidos.

El ser humano altera los ecosistemas

La naturaleza cada vez está más furiosa
Suelo, aire, agua, plantas y animales (los elementos de la naturaleza), todos ellos han sido y son alterados por el ser humano en su propio beneficio. El hombre ha cambiado los ecosistemas, pero él también es parte de ese sistema y también está siendo perjudicado por este cambio demasiado brusco y demasiado profundo. Como la Tierra, como los animales y las plantas, no estamos adaptados a un planeta furioso. Nosotros podemos detener ese cambio. Sin duda, nos vamos a tener que adaptar a él. Nos lo hemos ganado a pulso.