La nube radiactiva llega a España
Son más de 12.000 kilómetros los que separan Japón de España. Así que el Gobierno ha afirmado que no es posible que llegue a la Península Ibérica la nube radiactiva que provocada por el accidente nuclear de la central nuclear de Fukushima. Con todo, muchos ciudadanos tienen dudas sobre el tema, así que el Ejecutivo español ofrece una serie de preguntas y respuestas sobre el desastre, las posibles consecuencias y, en general, sobre el funcionamiento y los peligros de las centrales nucleares. Una especie de cuestionario FAQ (Frequently asked questions o preguntas más frecuentes) sobre el asunto que, estos días, está en boca de todos.

Una de las cuestiones que resuelve este documento se refiere a las personas que hayan viajado a Japón y vuelvan ahora a su país de origen. En primer lugar, ningún ciudadano español ha estado expuesto a radiación. Pero, en todo caso, el Gobierno recuerda que la radiactividad no es contagiosa. Así que, en ese sentido, no hay ningún peligro.

Lo que sí supone un problema es la nube tóxica que apareció en Japón tras el accidente. ¿Hasta dónde puede llegar, impulsada por el viento? Bien, cuanto más se aleje del origen, más débil será, pero parece que comienza a invadir algunas zonas de Europa. También ha llegado España, aunque debilitada. En todo caso, los efectos sobre la salud pública y el medio ambiente no se sabrán hasta dentro de un tiempo.

El caso es que esta nube tóxica no es visible a simple vista, así que sólo queda fiarse de las autoridades competentes. Según dos instituciones francesas, el Institut de Radioprotection et de Sûreté Nucléaire (IRSN) y Météo France, la nube radiactiva ha llegado hasta Siberia, Estados Unidos y, por el oeste del océano Atlántico, ha entrado en Europa por Noruega. Desde ahí, aunque, repetimos, muy débilmente, se ha expandido por Europa y ha llegado a España.

Estas dos instituciones francesas esperan que España reciba radiactividad muy débil en forma de aerosol radiactivo de cesio 137. Tampoco se descarta la llegada de más nubes radioactivas. Por suerte, la cantidad es tan pequeña que los efectos para la salud son extremadamente pequeños.