La obsolescencia programada
La economía mundial se basa en el consumo. Si los ciudadanos no consumen, este sistema económico se vendrá abajo. Sin embargo, el planeta tiene unos recursos finitos que se están acabando. En otras palabras, este sistema económico no es sostenible. De algún modo, tiene que cambiar. Ya sea por obligación, ya que faltará alguno de los recursos que lo sustentan, como el petróleo, ya sea por el impulso de políticas y comportamientos sostenibles que cambien por completo el modo de vivir.

Las grandes corporaciones saben que dependen del consumo desaforado. Por tanto, no les conviene que los productos que venden duren para siempre. Es mucho más productivo que el producto tenga una vida útil determinada de modo que el consumidor tenga que comprar otro producto igual o parecido cada cierto tiempo. Es lo que se llama la obsolescencia programada, fabricar productos que se estropean pasado un determinado tiempo, tiempo que decide la empresa que los fabrica. La obsolescencia programada y la publicidad, que invita a consumir productos que, en realidad, el ciudadano no necesita, son los pilares de la economía actual.

La prueba más palpable de que la obsolescencia programada existe es una simple bombilla. Se trata de la bombilla más antigua del mundo. Se encuentra en Livermore, California, en una estación de bomberos. Esta bombilla lleva ¡¡más de cien años encendida!! Exactamente, emite luz desde junio de 1901.

A través de Internet, se puede ver esta mítica bombilla gracias a una cámara web (www.centennialbulb.org/photos.htm). Desde que se puede ver online, ya se han tenido que cambiar dos de estas cámaras porque se han estropeado. Hay otra bombillas instaladas desde hace muchos años que aún funcionan: desde 1908, desde 1912, desde 1926 y desde 1930.

Cuando se inventó la bombilla, los grandes fabricantes de dieron cuenta de que, si ofrecían un producto que durara años, el negocio no sería rentable ya que la gente no seguiría necesitando bombillas. Así que decidieron crear un filamento luminiscente que, al cabo de cierto tiempo, se rompiera. De este modo, el consumidor seguiría comprando bombillas toda su vida. La bombilla de Livermore se fabricó antes de esta decisión.

La obsolescencia programada es patente en la actualidad en los productos electrónicos, como móviles, impresoras, ordenadores, etc. Cada cierto tiempo, unos pocos años por lo general, se compran nuevos modelos, bien porque se estropea el antiguo, bien porque se ha quedado anticuado y se desecha aunque funcione perfectamente. No los fabrican para durar.