La ONU pide detener la riqueza económica creada a costa de los recursos ambientales
Se llegue o no a un acuerdo en Río+20, cumbre ambiental que celebrará esta ciudad brasileña del 20 al 22 de junio, lo que ya tenemos ganado es la avalancha de noticias verdes que se generarán a su alrededor sobre la difícil situación que atraviesa el planeta. En esta ocasión, nos hacemos eco de un informe de la ONU sobre los graves riesgos ambientales que provoca la obsesión de los países por mejorar sus economías.

Con la cumbre a punto de empezar, justo ahora que está en el punto de mira de los medios, el organizador del evento aprovecha la ocasión de gritar al mundo una verdad que se ha repetido hasta la saciedad y no menos veces se ha ninguneado: los países están tan obsesionados con el crecimiento económico puro y duro que estamos inmersos en una escalada de un rápido agotamiento de los recursos naturales.

Según el documento titulado Informe de Riqueza Inclusiva 2012, el agotamiento es “irreversible” y, por lo tanto, compromete a las futuras generaciones.

El informe basa sus conclusiones en un análisis realizado entre 1990 y 2008 a 20 países ricos, pobres y de ingresos medios, que juntos representan el 56 por ciento de la población del planeta y el 72 por ciento del PIB mundial. En concreto, se estudió el crecimiento del PIB y la correlativa reducción del capital natural en Alemania, Arabia Saudí, Australia, Brasil, Canadá, Chile, China, Colombia, Ecuador, Estados Unidos, Francia, India, Japón, Kenia, Nigeria, Noruega, Reino Unido, Rusia, Sudáfrica y Venezuela.

De todas las naciones observadas, Japón fue el único que no perdió capital natural gracias al incremento de sus bosques. Por lo tanto, para que una riqueza se pueda considerar un enriquecimiento para un país también han de mirarse parámetros que valoren la sostenibilidad, como el capital natural, un concepto que engloba todo tipo de recursos como combustibles fósiles, minerales, bosques. Igualmente han de valorarse otros activos como el capital humano, es decir, la educación y habilidades de la población. El resultado, como es obvio, cambia muy mucho, y las economías boyantes no lo son tanto. Pero sólo así, paradojas de la vida, todos salimos ganando. Y si no todos, sí la gran mayoría.