La Presidencia danesa de la UE, una oportunidad para el medio ambiente
Desde el 1 de enero de 2012 Dinamarca ha asumido la Presidencia de la Unión Europea. Europa vive dos crisis, una económica y otra ambiental, y Dinamarca es uno los pocos países que tiene en cuenta las dos. Desde la Presidencia de la UE tratará de contagiar su actitud al resto de países europeos.

El actual Gobierno danés fue constituido el 3 de octubre de 2011, un Ejecutivo que quiere ir “más allá del anterior Gobierno del país en ambiciones verdes” y dará “una alta prioridad al ahorro energético” durante la Presidencia europea. Así, el objetivo de la Presidencia europea será mejorar la competitividad de Europa e impulsar un crecimiento económico sin incrementar el consumo de recursos y energía. A este respecto, en los próximos meses, la Unión Europea debatirá la nueva Directiva de Eficiencia Energética. Para el Gobierno danés, hay que fijar actuaciones concretas para asegurar que todos los países europeos mejoren la eficiencia energética en un 20% para 2020.

Dinamarca cree que es esencial para un futuro sostenible en materia energética en Europa desarrollar una red energética transfronteriza eficaz e inteligente, en la que las energías renovables tienen que tener prioridad y, además, ser la base de la economía a partir de 2014. Para el portavoz de Greenpeace, Miguel Ángel Soto, la Presidencia de Dinamarca puede ser una gran oportunidad.

Otro importante evento al que la Unión Europea acudirá con la Presidencia danesa será la Cumbre de Río +20, en la que Europa debe defender sin excusas un nuevo plan global de crecimiento verde.

Un ejemplo de la política danesa de apoyo a las energías renovables: un informe elaborado por el Gobierno fija 2020 como fecha en la que la mitad del consumo eléctrico del país provendrá de la energía eólica y 2050 como año en el que se abandonará totalmente el uso de combustibles fósiles. Así mismo, también es posible desvincular el consumo energético del crecimiento económico, ya que, desde 1980, la economía danesa ha crecido un 80%, mientras que el consumo energético se ha mantenido estable y las emisiones de gases de efecto invernadero han bajado.