La publicidad atenta contra el medio ambiente
Consumir en exceso no es sostenible, no es ecológico. La publicidad incita a consumir, en la mayoría de las ocasiones incita a consumir bienes totalmente innecesarios, absolutamente prescindibles para la vida diaria. Por tanto, la conclusión es obvia: la publicidad va en contra del medio ambiente por definición.

Pero no sólo eso. La publicidad nos hace egoístas y nos aleja de acciones como disfrutar de la familia o ayudar a nuestras comunidades locales. Si quieres ayudar a este planeta deja de ver la televisión, a no ser que no se emitan anuncios. Precisamente en esta época navideña la presión publicitaria es mayor que nunca. En un país europeo se puede ver entre quinientos y mil anuncios por día. Compra para demostrar tu amor a familiares y amigos.

Según un informe de la organización WWF del Reino Unido y el Public Interest Research Centre (PIRC), la publicidad, aparte de vaciar nuestros bolsillos y hacernos comprar compulsivamente, tiene un efecto en decisiones como, por ejemplo, de qué modo pasamos nuestro tiempo. Sin que nos demos cuenta, tendemos a trabajar más horas para alcanzar las expectativas materiales que, subliminalmente, quedan en el cerebro después de ver tantos anuncios.

El informe diferencia los valores intrínsecos y los extrínsecos, conceptos muy ligados a la filosofía y a la psicología. Los extrínsecos son los que dependen de la percepción de los demás, como la condición social, la admiración de las cosas materiales y el poder. En cambio, los valores intrínsecos son aquellos que son más gratificantes cuando se llevan a cabo, aunque suponen, por lo general, más esfuerzo, como pasar tiempo con amigos y familiares, la construcción de una comunidad o el desarrollo de metas personales y las aficiones. La publicidad apela casi únicamente a los valores extrínsecos.

En definitiva, la publicidad ensalza valores que nos llevan a ser más materialistas, más individualistas y menos preocupados por las cuestiones ambientales y sociales.

Se realizó un experimento para examinar las actitudes de dos grupos de niños en edad escolar: unos fueron expuestos a la televisión cada día como parte del trabajo escolar y otro no. Los niños que veían la televisión dieron más importancia a los valores externos.

Si queremos que esta sociedad y, en especial, las nuevas generaciones, sea más respetuosa con el medio ambiente, quizá deberíamos empezar por apagar la televisión.