La soja transgénica en Argentina
La organización ecologista Greenpeace en Argentina ha señalado que nunca ha abandonado la campaña contra los transgénicos, como muestra el intenso trabajo realizado en Brasil (donde se obtuvo una moratoria a la compra de soja proveniente del Amazonas), en México (donde desde hace años se combate al maíz transgénico y se frenó la expansión de los biocombustibles), en Europa (donde, por la presión de Greenpeace y otros grupos ecologistas, varios países prohibieron la siembra de transgénicos y cada vez le están poniendo más trabas a su importación), y en Asia (donde desde hace años se combate la expansión del arroz transgénico).

En cuanto a la labor en Argentina, Greenpeace considera que, después de doce años de campaña, la sanción de la Ley de Bosques a finales de 2007 fue, además de una protección a ecosistemas vitales como los bosques nativos, el más efectivo freno logrado para detener la expansión de la soja transgénica en el país sudamericano.

Aunque aún persisten desmontes ilegales (sobre todo, por la falta de suficiente presupuesto para combatirlos), desde la sanción de la Ley de Bosques la deforestación se redujo en un 60%, y los ordenamientos territoriales realizados en las provincias permitieron ponerle un límite al crecimiento de la frontera agropecuaria.

Desde 2007, con su estudio “Soja transgénica: Agricultura sin agricultores”, Greenpeace está luchando contra este tipo de cultivos que destrozan el medio ambiente. En 2008, publicaron el documento “Los incendios en las islas del Paraná son otra consecuencia de la expansión de la soja”, en el que se advertía de la responsabilidad del Estado nacional en el modelo agropecuario respaldado y promovido y de la falta de reacción adecuada frente al daño ambiental, sin olvidar la responsabilidad del sector privado.

También denunciaron que el biodiésel que se usa en Alemania destruye los bosques nativos argentinos. Greenpeace comprobó que el biodiésel añadido al diésel que se comercializa no sólo proviene de aceite de colza cultivada en Alemania sino que, un 20%, proviene de aceite de soja, y que parte de esa soja provenía de desmontes del norte de Argentina.

La citada organización no es la única que se ha manifestado en contra del grave problema del cultivo de soja transgénica. También lo han hecho otras organizaciones ambientales, así como sectores académicos y organizaciones campesinas, como es el caso del MOCASE. La soja transgénica en Argentina ha tenido consecuencias como el avance de la frontera agrícola sobre los bosques nativos, una importante pérdida de biodiversidad, aumento considerable del uso de agroquímicos, contaminación de los suelos y pérdida de soberanía alimentaria. Son daños irreparables.