La UE debate un impuesto ecológico
La Comisión Europea se plantea, después de veinte años, crear un impuesto sobre cualquier empresa que emita dióxido de carbono. Quizá la tan mentada crisis, la falta de dinero de las instituciones públicas europeas, se traduzca en una política más ecológica, aunque sea a través del afán recaudatorio. El debate sobre un impuesto ecológico en el ámbito europeo se pondrá en marcha la próxima semana.

El proyecto baraja aprobar un impuesto a las emisiones de dióxido de carbono de cualquier sector económico, y no sólo, como se hace actualmente, a los incluidos en el sistema de comercio de derechos de emisión, como el transporte o la vivienda. El comisario europeo de Fiscalidad, Algirdas Semeta, no cuenta de momento con el respaldo de todos los miembros del Ejecutivo de la Unión Europea. Y, como cualquier decisión respecto a la fiscalidad, debe contar con la aprobación unánime de todos los países mienbro. Entre los países que no ven con buenos ojos la creación de este impuesto se encuentran Reino Unido, Irlanda y Polonia. Los primeros están en contra de que sea la Unión Europea la que regule fiscalmente los países, mientras que Polonia teme por la industria del país, excesivamente dependiente del carbón, uno de las sustancias que sería más penalizada. Como es habitual, los gobernantes prefieren el dinero a un medio ambiente en buenas condiciones.

El comisario de Fiscalidad, Semeta, no se ha dado por vencido y luchará por la creación del impuesto, ya que cree que será beneficioso para Europa y facilitará la consecución de los objetivos medioambientales que se ha marcado la Unión Europea. “Impulsaré la finalización de la revisión en curso de la directiva sobre la fiscalidad de la energía”, afirmó Semeta. Y añadió: “Combatir el cambio climático y racionalizar el consumo de energía están entre las principales prioridades de la UE”.

Por su parte, la portavoz comunitaria, Pia Ahrenkilde, considera que la fiscalidad actual “no está funcionando tan bien como debería” para promover la “eficiencia energética y la lucha contra el cambio climático”, por lo que el sistema debe “ser optimizado para que funcione mejor”. Aun así, también comentó que habrá que valorar su coherencia con otras políticas europeas como la estrategia de crecimiento y empleo para la próxima década.

Algunos estados van un paso por delante en este tema. Los países nórdicos (una vez más, son ellos) ya aplican este tipo de impuesto, y otros como Francia están considerando su introducción.