Las aves marinas, atraídas por el olor del plástico
El olor del plástico no es muy atractivo para los humanos, precisamente, pero para las aves, después de unos días en el mar, se convertirá en toda una tentación. Desprenderá un olor a comida que, además de alterar el ecosistema, resultará un bocado envenenado.

El olor proviene de las algas que no tardan en colonizar el objeto de plástico, sea éste grande o pequeño, incluyendo a los microplásticos, con lo que también son un bocado muy peligroso para otro tipo de fauna marina, como los peces o las tortugas.

Huele a su comida favorita

Así lo señala un estudio de la Universidad de California, en Estados Unidos, publicado en la revista Science Advance, para cuya conclusión se analizaron unas bolsas atadas a una boya durante unas cuantas semanas.

Fue así como comprobaron que las micro algas que las habían colonizado emitían dimetil sulfuro, un compuesto químico que recubría la superficie de las bolsas y emitía un fuerte olor que atraía a las aves. En concreto, las algas lo liberan cuando son consumidas por animales como el kril, uno de los alimentos de las aves.

Las aves marinas, atraídas por el olor del plástico
Es decir, el olor proviene de las algas, pero las aves detectan específicamete el olor a kril, su comida favorita, con el agravante de que su sentido del olfato es una auténtica brújula para detectar alimento. Este hallazgo desmiente la creencia que atribuía el poder de atracción de los plásticos a sus colores brillantes.

Habida cuenta de que las aves se dejan guiar especialmente por su olfato, y menos por la vista, se concluyó que eran más propensos a oler este compuesto químico. En definitiva, cuando los científicos encuentran a un ave marina con el vientre lleno de plástico, a partir de ahora deben tener en cuenta esta teoría para explicar tal fenómeno.