Las ciudades son más ecológicas que el campo
Dicen que las apariencias engañan. A pesar de que nos pueda parecer extraño, lo cierto es que la vida en la ciudad es más ecológica que la vida en el campo, al menos en términos porcentuales.

Para empezar tenemos que tener en cuenta las vacas, esos gigantescos animales que contribuyen en el efecto invernadero del planeta. La gente piensa que lo peligroso son sus pedos, pero no es así. Lo que produce una media de 340 litros de metano al día son los eructos de la vaca, los cuales realiza después de comer. Si hacemos unos cálculos rápidos nos damos cuenta que ellas solitas emiten el 4% de las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero. Incluso más que todos los coches y otras formas de transporte juntas.

Por lo tanto, las personas que viven en ciudades contaminan menos individualmente que los que viven en el campo. Esta idea supone dar la vuelta a la tortilla, pues mucha gente está convencida de que las ciudades son concentraciones asfixiantes de libertinaje, contaminación y derroche. Y tampoco queremos decir lo contrario. Las grandes urbes, ciertamente, producen más contaminación por cada kilómetro cuadrado. Sin embargo, si la medimos por persona, la cosa es bien distinta.

Por ejemplo, los habitantes de Manhattan, isla en la desembocadura del río Hudson en el norte del Puerto de Nueva York, van andando a comprar a la tienda de ultramarinos, viven en pisos reducidos y disponen de poco espacio para amontonar cosas, utilizan el transporte público mucho más que otros estadounidenses, apenas consumen gasolina puesto que se desplazan por innumerables viviendas y oficinas a través del medio de transporte masivo de mayor eficiencia energética: el ascensor.

Para que se entienda la idea, imagina que coges a ocho millones de estadounidenses que vivan en el campo y los intentamos meter todos en Nueva York con todas sus respectivas pertenencias, lo cierto es que cabrían. En las grandes ciudades masificadas, la tendencia es vivir cada con más poco y eso en gran parte supone reducir el impacto ambiental. En ese sentido, Manhattan es una utópica comunidad ecologista, aunque desde lejos parece que sea el centro de la contaminación mundial.

Este artículo está basado en un estudio realizado por el economista Tim Harford.