Las cooperativas de consumo ecológico
Hay dos reivindicaciones del movimiento ecologista que nos afectan a todos como consumidores:
— el derecho a consumir productos naturales (no modificados genéticamente) y libres de sustancias nocivas tales como pesticidas, antibióticos, hormonas…
— la necesidad de que se consuman productos que se hayan producido lo más cerca posible de nuestro hogar. Con esta premisa se evitan transportes innecesarios, con lo cual se gastan menos combustibles fósiles, liberando menos CO2 a la atmósfera.

Si acudimos alegremente al supermercado será muy difícil que compremos productos ecológicos. En ocasiones, los alimentos que compramos provienen incluso de otros continentes. No estoy diciendo que dejemos de consumir café o cacao, por ejemplo; sin embargo, en la actualidad contamos con frutas de temporada durante todo el año, lo cual quiere decir que en determinadas épocas hay que importarlas de países lejanos.

Una buena iniciativa son las cooperativas de consumo ecológico. Estas cooperativas se basan en un sistema muy simple: un grupo de personas del mismo barrio se asocian para comprar entre todos productos ecológicos a agricultores de la zona. Normalmente, una vez por semana se hace la compra al agricultor, según lo que cada socio haya pedido, se transporta a la ciudad y se lleva al local de la asociación. Allí, cada socio recogerá su caja de fruta, verdura, huevos… en fin, lo que haya pedido, y pagará su parte. De esta manera, el consumidor se está asegurando de que consume productos sanos y que han provocado unas emisiones mínimas de CO2 derivado del transporte.

En las grandes ciudades las cooperativas de consumo ecológico cada vez son más numerosas; si miras bien, seguro que en tu barrio encontrarás alguna.