Las grandes ciudades no son las únicas contaminadas
El alto nivel de contaminación que sufren las dos mayores ciudades de España, Madrid y Barcelona, que han producido un debate nacional sobre el problema, se explican por el excesivo número de coches que circulan por sus calles. Pero en otras regiones con ciudades menos pobladas no se libran de la contaminación.

Un 30% de la población de la comunidad autónoma de Castilla-La Mancha, según un informe sobre la calidad del aire en el Estado español durante 2009 elaborado por Ecologistas en Acción, está respirando aire que supera los índices de protección a la salud recomendados por la Organización Mundial de la Salud. Se trata, en general, de las personas que viven en los núcleos urbanos más grandes.

Hay que recordar que el propio Ministerio de Medio Ambiente y Medio Rural y Marino cifra en 16.000 el número de muertes prematuras cada año por esta causa. Por su parte, la Comisión Europea calcula que son unas 400.000 personas las que fallecen dentro de la Unión Europea cada año por esta misma causa. Mientras, las administraciones (locales, autonómicas y el Gobierno central) no hacen nada por solucionarlo.

En el caso concreto de Castilla-La Mancha, los contaminantes que más problemas originan son principalmente las partículas y el ozono troposférico. Como en otros lugares, la causa principal es el tráfico urbano. En la Comarca de Puertollano se superan a menudo los límites legales del valor diario de contaminación recomendado por la OMS, en especial en la estación de Campo de Fútbol, donde se registran 65 días de superación, cuando el límite permitido es de 35. La ciudad de Albacete ha superado estos límites 49 días.

Incluso en ciudades más pequeñas y menos industrializadas como Cuenca se superan los límites legales de contaminación. Esto demuestra que el tráfico es el máximo culpable y que los planes de movilidad son cada vez más urgentes. Otras fuentes de contaminación son las cementeras que incineran residuos (algunos de ellos peligrosos).

Se recomienda elaborar y poner en práctica planes de movilidad sostenible con el objetivo de una reducción del tráfico de coches; un cambio en el modelo energético hacia la producción de energías limpias y renovables; y prohibir la incineración de residuos, especialmente en el sector cementero.