Las limpiadoras a vapor: una opción ecológica
La limpiadora a vapor, o simplemente vaporeta, es un electrodoméstico que últimamente ha alcanzado gran éxito, ya que proporciona una limpieza rápida y eficaz de nuestra casa. Funciona disparando un chorro de vapor sobre la superficie a limpiar. Este vapor es seco y se genera en un calderín. El vapor sale de la limpiadora a gran presión, por lo cual desincrusta la suciedad; ello es especialmente útil en aquellos rincones a los que es imposible llegar con otros sistemas: radiadores, persianas, juntas de ventanas… Otra de sus ventajas es que, como se usa vapor de agua para limpiar, las altas temperaturas que se alcanzan desinfectan la superfície tratada, contribuyendo a una buena desinfección: se eliminan hongos, algunas bacterias, ácaros…

Y os preguntaréis ¿Y todo esto que tiene que ver con la ecología?. Pues bastante. Las limpiadoras a vapor desinfectan completamente sin necesidad de utilizar productos de limpieza. Ninguno. Tampoco hay que recurrir a bactericidas, fuertes desinfectantes, lejía… que una vez que los hemos usado, vertemos tranquilamente por los desagües de la casa, con las consecuencias para el medio ambiente que ello acarrea. Eso sí, las limpiadoras a vapor consumen energía eléctrica, pero creo que ello no ensombrece el hecho de poder prescindir de los detergentes, que tan nocivos son, y no sólo para el medio ambiente, sino también para nuestra salud.

Básicamente, hay dos tipos de limpiadoras a vapor:
— las de gran tamaño, que normalmente cumplen varias funciones: aspiran, limpian, desinfectan y secan, todo ello a la vez. Suelen contar con filtros de agua. Por todo ello son muy apropiadas para personas que sufren de alergia. La única pega es que su tamaño hace que en ocasiones dé pereza usarla.
— las pequeñas o de mano. Éstas no aspiran; sólo desinfectan. Pero son muy manejables y muy útiles para tareas pequeñas que con otros métodos se hacen más engorrosas: por ejemplo, limpiar una persiana.