Las plantas saben aritmética para no pasar hambre
Las plantas saben de aritmética, muy probablemente por aquello de que el hambre aguza el ingenio. Tanto es así que, según concluye un nuevo estudio, si no pasan necesidad por las noches es porque cogen lápiz y papel a diario para hacer los cálculos necesarios que les permitan repartir sus reservas de almidón de forma constante.

El sorprendente hallazgo ha sido del Centro John Innes, cuyas observaciones permiten afirmar que el consumo de almidón se produce a una velocidad exacta para que les dure durante toda la noche. De hecho, justo al amanecer se les acaba, lo que constituye “el primer ejemplo concreto en un fundamental proceso biológico de un cálculo aritmético tan sofisticado”, dice uno de los investigadores, Martin Howard.

Pero éste no ha sido el único descubrimiento del estudio, que se publicarán en la revista ELIFE. Además de hacer divisiones aritméticas, las plantas aprovechan bien sus alimentos, con una eficiencia máxima.

Crecimiento y productividad

Por lo tanto, uniendo ambos conceptos, pueden entenderse que realizar esos cálculos sea vital para su crecimiento y productividad, explica otro de los científicos, el biólogo Alison Smith. ¿Pero, cómo hacen esas operaciones? Básicamente, la ciencia intenta averiguarlo utilizando modelos matemáticos, planteando que la información sobre la cantidad disponible de almidón y el tiempo que creen que queda hasta el amanecer, dividiendo la primera entre la segunda variable a través de una codificación previa establecida en dos tipos de moléculas, unas llamadas S para el almidón y por otro lado las denominadas T, para el tiempo.

Además, los científicos creen que el tiempo estimado se establece a partir de la información proporcionada por una especie de reloj interno o biológico, y tras esa división se conoce la velocidad correcta del consumo de almidón, algo en lo que son muy exactas, pues al alba suelen haber consumido el 95 por ciento del almidón.

Las plantas saben aritmética para no pasar hambre
Recordemos, por último, que las plantas convierten la energía solar en dióxido de carbono y almidón, y que por la noche depende de estas reservas para seguir vivas. Su reparto es vital, por lo tanto, y ha de ajustarse a anochecer para no fallar en el caso de que la noche llegue inesperadamente temprano o, por ejemplo, dependiendo del almidón disponible.