Las potencias mundiales comienzan a repartirse el petróleo libio
La guerra civil en Libia aún no ha acabado, pero las potencial mundiales, los países desarrollados y ricos, ya se están repartiendo su petróleo. Los rebeldes saben de su importancia y para ellos es una gran prioridad en sus movimientos estratégicos, políticos y militares. En otros temas no están de acuerdo. En éste sí. Junto con el gas, es la mayor riqueza natural del país. Hay que reactivar Libia y pagar favores a los aliados.

Antes de la rebelión, Libia producía 1,6 millones de barriles de crudo al día, un 2% de la producción mundial. Era el cuarto exportador africano. La mayor parte (el 85%) llegaba a Europa. Con todo, se guardaban algo: se calcula que las reservas libias son las mayores de África y llegan a una cifra de unos 44.000 millones de barriles.

La compañía petrolera italiana ENI, que ya era antes de la revolución el primer productor extranjero en Libia, con el 15% del mercado, lleva en contacto con los rebeldes desde abril. Está situada, por tanto, en una posición de privilegio de cara a nuevas negociaciones y contratos de suministro o explotación.

Por su parte, la francesa Total se podría beneficiar del apoyo incondicional del Gobierno francés a los rebeldes. En algún momento, se ha insinuado que un 35% de los contratos podrían ir a parar a este país. Otras empresas que pueden salir beneficiadas si vencen los rebeldes, como parece que va a ocurrir, son Catar Petroleum y la empresa suiza Vitol. Después, esperando su oportunidad, también se encuentran la británica BP y la anglo-holandesa Shell. Los buitres del petróleo esperan a que la presa muera del todo para repartirse el botín.

China y Rusia pueden ser los países más perjudicados, ya que se abstuvieron en el Consejo de Seguridad de la ONU cuando se debatía la resolución contra Gadafi, en marzo.

En todo caso, los expertos ya han avisado que para recuperar el ritmo de producción de antes de la guerra podrían hacer falta unos dos años. Además, no hay ningún acuerdo firmado y todo dependerá del comportamiento del nuevo Gobierno, que nadie sabe cómo será. Seguro que las empresas saben esperar pacientemente. La presa lo merece.