Las protestas ciudadanas logran detener la construcción de una fábrica contaminante en China
Las protestas ciudadanas sirven. Incluso en una dictadura como la que se vive en China. Los ciudadanos pueden aguantar muchas injusticias sociales, pero necesitan aire medianamente sano para respirar, para vivir. A lo que se suma las posibilidades de reivindicar derechos a través de internet.

China protesta por la degradación ambiental y las injusticias sociales. En la ciudad de Shifang, en el suroeste de Sichuan, lo han hecho y el Gobierno se ha visto obligado a suspender la construcción de una fábrica de aleación de cobre. Miles de vecinos de todas las edades salieron a la calle para protestar por la planta. Empezó siendo una manifestación pacífica, pero acabó en violentos enfrentamientos con la policía.

Por el momento, las autoridades de Shifang han paralizado la construcción de la fábrica temporalmente. Enviarán equipos a educar a los ciudadanos sobre el proyecto. Pero también han amenazado con castigar duramente a quienes continúen las movilizaciones. En éstas, los manifestantes dañaron coches de la policía y se enfrentaron con los antidisturbios. En las redes sociales, aparecían fotos y vídeos de la policía utilizando gases lacrimógenos y golpeando a la gente con palos. Al menos trece personas resultaron heridas.

En las fotografías también se podían ver pancartas en las que se pedía la paralización del proyecto y la protección del medio ambiente. La fábrica planea procesar un metal pesado y los vecinos temen que contamine la ciudad. Shifang tiene unos 220.000 habitantes.

El Gobierno culpa a personas con motivos ocultos. Pero el medio ambiente no tiene ideología. Todos respiran aire y nadie quiere que esté contaminado. El grupo Hongda, propietario de la fábrica, que cotiza en la Bolsa de Shanghái, es uno de los mayores productores de cinc y plomo de China. La fábrica está destinada a refinar molibdeno de cobre.

La contaminación se ha convertido en una de las principales causas de protestas en China. En agosto del año pasado, miles de personas forzaron el cierre de una planta química en Dalian (en el noreste del país).

Finalmente, el alcalde, Xu Guangyong, y el vicealcalde, Zhang Daobin, se han comprometido a parar la obra mientras la mayoría de la población se oponga.