Las turbinas de los aerogeneradores provocan relámpagos
¿Qué tiene que ver la energía eólica con los relámpagos? No, no estamos mezclando el tocino con la velocidad. Aunque muchos lo desconocíamos, el estudio de los relámpagos está relacionado con los aerogeneradores. Es más, según acaba de descubrirse, sus turbinas provocan relámpagos. O, lo que es lo mismo, se ha demostrado que las turbinas eólicas crean descargas eléctricas que generan rayos.

La razón de este curioso fenómeno tiene que ver con la altura y el movimiento, ya que cualquier estructura elevada (aviones, aerogeneradores, etc.) puede generar rayos ascendentes bajo determinadas condiciones atmosférica. En concreto, según han descubierto investigadores de la Universidad Politécnica de Cataluña (UPC) se han registrado varios rayos ascendentes iniciados por aerogeneradores cuando giraban bajo nubes.

Más allá de la simple curiosidad, este conocimiento será “muy útil, porque abre la puerta a la descripción del fenómeno y, por tanto, a establecer sistemas de prevención”, afirman. Sobre todo, se orientaría a la prevención de averías para ganar en sostenibilidad y ahorrar costes a las empresas constructoras y generadoras de este tipo de energía renovable.

Prevención y ahorro

El estudio de los relámpagos también se beneficiará. No sólo ayuda a conocer mejor las tipologías y naturaleza de los mismos, sino que también “ayudará a prevenirlos” teniendo en cuenta que existe una relación directa entre la “periodicidad de giro” de las turbinas y su generación. El mismo movimiento de las turbinas crea descargas eléctricas que desencadenan relámpagos cuando las condiciones atmosféricas son propicias.

Las turbinas de los aerogeneradores provocan relámpagos
El descubrimiento puede facilitar la prevención de averías en los parques eólicos, que conllevan millones de euros en pérdidas a las empresas energéticas a causa de los rayos. En concreto, las palas de aerogeneradores sufren los efectos de las descargas eléctricas y los rayos.

Los estudios de campo o pruebas se han realizado con equipos instalados en el Pirineo, en el Delta del Ebro y en la colombiana isla de San Andrés. En la investigación también ha colaborado personal del Massachusetts Institute of Technology (MIT) y sus resultados han sido publicados en las revistas Journal of Geophysical Research y Nature.