Lobos y osos, amigos inesperados
Los lobos y los osos pardos no se tienen demasiada simpatía. De hecho, si el hambre aprieta a un oso es capaz de atacar a un lobo para, como mínimo, robarle una presa. Por su parte, los lobos no se atreven con un oso adulto, pero sí son capaces de entrar en una madriguera buscando cachorros.

Sin embargo, un estudio ha encontrado que los lobos son indirectamente beneficiosos para los osos. En 1995, se reintrodujeron lobos grises en el Parque Nacional de Yellowstone, en Estados Unidos. Desde entonces, los osos pardos tienen más frutos disponibles en el verano con los que alimentarse y están mejor preparados para hibernar.

Los lobos cazan o ahuyentan a los alces, que también comen frutos. Al haber menos alces por la presencia de los lobos, algunos arbustos están dando más frutos y expandiéndose. Los osos encuentran comida más fácilmente.

Un equipo dirigido por William Ripple, de la Universidad Estatal de Oregon, ha analizado las heces de los osos para descubrir su dieta y han descubierto que los osos grizzlies comieron más frutos una década después de que los lobos regresaran al parque: aproximadamente, veinte veces más en julio y dos veces más en agosto.

Los lobos desaparecieron de Yellowstone en 1926. Entonces, las manadas de alces se multiplicaron. En 1994, unos 19.000 alces vivían en el parque, una competencia por los mismos recursos alimenticios de los osos.

Más alces, menos osos

Lobos y osos, amigos inesperados
Los osos fueron decreciendo en número hasta que, en 1975, sólo había 136 ejemplares. En 2007, la población de osos pardos había aumentado a seiscientos. Se habían salvado de la extinción. Años más tarde, también se consideró que los lobos ya no estaban en peligro. Los científicos comenzaron a pensar que había una relación entre las dos especies.

Los lobos ayudan a los osos grizzlies porque dejan restos de carroña que éstos aprovechan. Pero ahora se ha comprobado que la ayuda indirecta de proporcionar más bayas es más valiosa para los osos. La relación de los depredadores para mantener un ecosistema sano es más complicada de lo que se creía. Y también se demuestra que, cuanto menos intervenga el ser humano, mejor.