Lorca, un pueblo que se hunde por la sequía
A menudo, las consecuencias de los desastres medioambientales van mucho más allá de lo que se puede ver a simple vista. Sin ir más lejos, la contaminación más dañina de las ciudades es incolora e inodora: se respira a diario, aunque no se note.

El agua es un recurso valiosísimo. No puede existir vida si no hay agua. Es necesaria para calmar la sed, para regar los cultivos y para limpiar los alimentos, etc. Pero, además, es parte de la tierra y la sostiene. Un pueblo ubicado en la provincia de Murcia (España), Lorca, se ha hundido metro y medio en los últimos quince años a causa de la sequía.

El hundimiento de la localidad se ha producido como consecuencia de la sobreexplotación de los acuíferos en tiempos de sequía. Así se desprende de un estudio realizado por el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) y la Universidad Complutense de Madrid, que sitúa a la región (que, además, sufrió dos fuertes terromotos en los últimos meses) como la que más rápido se hunde de toda Europa y una de las que más a nivel mundial.

Lo cierto es que el fenómeno era palpable, pero hasta ahora no se habían recogido cifras exactas. Los datos procedentes de dos satélites de la Agencia Espacial Europea han permitido realizar un cálculo milimétrico de los cambios topográficos que ha sufrido, desde 1995, tanto Lorca como el resto del Valle del Guadalentín, de 690 kilómetros cuadrados. Los resultados han sorprendido a los propios expertos del CSIC.

La razón principal del hundimiento es, pues, la sobreextracción de las aguas subterráneas. Además, se ha descubierto que la tasa media de hundimiento no es constante, ya que el fenómeno aumenta en los periodos de sequía. Entre 1996 y 1997, el Valle del Guadalentín (Lorca, Puerto Lumbreras, Totana y Alhama de Murcia) se hundió quince centímetros como consecuencia del consumo y la escasez de reservas hidrológicas de los años anteriores. Posteriormente, la velocidad del hundimiento se frenó hasta alcanzar el nivel registrado entre los años 1992 y 1995.

Al disminuir las reservas de agua se reduce la presión interna de los acuíferos, provoca que sus materiales se compacten y pierdan volumen, ha explicado José Fernández, investigador del instituto de astronomía y geodesia del CSIC.