Los avistamientos de ballenas pueden perjudicarlas
El avistamiento de ballenas es una actividad turística que parece estar cada vez más de moda. Atrae a numerosos turistas y deja una cantidad nada despreciable de dinero para el sector. Sin embargo, ¿podría llegar a ser perjuducial para las ballenas? Es precisamente uno de los asuntos que se está debatiendo en la Comisión Ballenera Internacional reunida esta semana.

Se calcula que, cada año, unos trece millones de personas se apuntan a grupos que organizan avistamiento de ballenas. Según el Fondo Internacional para el Bienestar Animal (IFAW, por sus siglas en inglés) el sector gana unos 2.100 millones de dólares (unos 1.500 millones de euros). Esta actividad que aúna turismo y medio ambiente, comenzó en Estados Unidos en la década de los cincuenta del siglo XX. En la actualidad, se realiza en unos 120 países de todo el mundo. Es un sector en auge, sobre todo, en Asia y en Latinoamérica.

Precisamente es este aumento del volumen del negocio lo que preocupa a los expertos, que temen que impacte negativamente sobre las ballenas. Así, se están discutiendo una serie de medidas para defender e impulsar la buena gestión de las empresas que se dedican al avistamiento de los cetáceos.

Un avistamiento de ballenas mal practicado puede alterar al comportamiento natural de estos grandes mamíferos. En el peor de los casos puede disminuir su capacidad para alimentarse, descansar y criar a sus hijos. Esto puede causar problemas tanto en el corto como en el largo plazo. Además, los barcos pueden estrellarse contra las ballenas, poniendo a los tripulantes (e incluso a la propia ballena) en peligro.

Por ejemplo, un barco mal tripulado o que haga demasiado ruido puede interrumpir a las ballenas en la búsqueda de alimento o de descanso. No es un gran problema si es un caso aislado, pero sí puede serlo cuando se repite una y otra vez. En algunos lugares muy turísticos, los barcos salen diez veces al día. Pero otros problemas puede ocurrir a más largo plazo, como que las hembras dejen de producir leche suficiente para sus crías, lo que reduciría su tasa de supervivencia.

La observación de ballenas, en la gran mayoría de los casos, es una industria establecida para hacer dinero, no para concienciar sobre el respeto a los animales o para proteger el medio ambiente. En algunos países ni siquiera existe una legislación específica y cualquier embarcación puede ir, además, sin ningún límite de velocidad. A veces, se defiende esta práctica con el argumento de salvar a las ballenas de la caza para que atraigan a turistas. Pero, si no se hace con cuidado, puede ser peor el remedio que la enfermedad.