Los barrios más pobres son mejores para las abejas
Las abejas no gustan de los jardines demasiado arreglados. Es decir, no son partidarias de la poda compulsiva o sistemática que se gastan las zonas verdes de los barrios pudientes del Reino Unido, y tampoco se pirran por las flores que adornan los jardines de las áreas urbanas más exclusivas de sus ciudades. A ellas lo que les gusta es zumbar de aquí para allá en los jardincitos de los barrios más pobres para libar sus apetitosas flores, según un estudio.

A esta curiosa y sorprendente conclusión han llegado investigadores de la Universidad de Leeds, quienes descubrieron que los jardines de las zonas suburbanas eran visitadas por el doble de abejas que las zonas ricas. Así, los resultados del estudio dejan bien claro que la obsesión por mantener la naturaleza a raya tiene el lógico efecto secundario de crear ecosistemas desequilibrados, en los que las abejas hacen mutis por el foro o, directamente, ni aparecen.

El estudio sirve de orientación a la hora de tomar medidas eficaces para restaurar las poblaciones de abejas en el Reino Unido, y quizás también en otros lugares. ¿Pero, por qué las flores de los jardines exclusivos no les sirven para realizar la polinización? Esta es una pregunta que todavía no tiene respuesta, pero sí se sabe que las flores elegidas para estos tipos de jardines no las atraen ni la mitad que las flores de los jardines más humildes.

“Tenemos que hacer más investigaciones para saber exactamente por qué hay el doble del número de abejas en las zonas menos ricas, pero pensamos que tiene algo que ver con el tipo de flores. Aunque los lugares con más dinero tienen jardines más grandes, también utilizan una gran cantidad de plantas que no aportan mucha riqueza a los polinizadores”, dice Mark Goddard, líder de la investigación.

Goddard apunta que sembrar determinadas flores (alhucemas, borraja o la salvia de color lila) en los jardines y dejar crecer las malas hierbas sería una buena solución, tanto en los jardines privados como en los públicos. Precisamente, algo que no se permite en los barrios más ricos: “En las zonas más pobres la gente tiende a tolerar algunas de las más malas hierbas como los tréboles y los dientes de león en el césped. También hay zonas cercanas más abandonados que sirven de alimento y de oportunidad de anidación para las abejas”. Recordemos que el declive en las poblaciones de abejas ha llegado a ver reducido su número hasta la mitad en los últimos 25 años. En el caso de los abejorros, la reducción has sido del 60 por ciento desde hace cuatro décadas.

Por contra, los investigadores observaron que los barrios más ricos eran más proclives a tener árboles, y esto era bueno para los pájaros. “Me di cuenta de que las zonas más ricas tenían más árboles y, por ende, más pájaros. Ellos nos sugiere que lo que es bueno para un tipo de vida silvestre tal vez no sea tan bueno para otros”.