Los basureros electrónicos son minas de metal
La basura electrónica no sólo puede resultar muy contaminante para el medio ambiente. Tambien puede ser un buen negocio. De una tonelada de desechos electrónicos se pueden sacar hasta 150 gramos de oro.

Con cartón se pueden elaborar muchos objetos útiles. Por ejemplo, unas sillas de cartón prensado que ha creado el diseñador Carlos Costa y que aguantan hasta 75 kilogramos de peso. Quizá no sea mucho, pero su precio no llega a los diez euros. Evidentemente, estas sillas están pensadas para niños (de hecho, al diseñador y arquitecto portugués se le ocurrió la idea cuando su hija se cayó sobre una caja de cartón). Estas sillas de cartón, no sólo son una forma de reutilizar un material que se desecha, sino que pueden servir para que los niños aprendan a armar un objeto con sus propias manos y, después, pintarlo y decorarlo.

Según un informe del Programa de Medio Ambiente de Naciones Unidas (UNEP), no sólo se está agotando el petróleo, sino también otras materias primas como el oro o el cobre. Por tanto es insostenible seguir produciendo y consumiendo estos materiales. Hay que reutilizarlos, primero, y, si no hay más remedio, reciclarlos. La prosperidad de las economías ricas, y también de las emergentes, hace que se consuma más de lo que el planeta puede aguantar. No hay que consumir nuevos objetos. Hay que crearlos a partir de los ya existentes.

Es un concepto de economía circular (que, en su planteamiento más radical, incluso aboga por el decrecimiento, que la economía no sólo no crezca, sino que disminuya). Achim Steiner, director de la UNEP, señala que este concepto no significa otra economía, sino la misma economía, pero más eficiente. La escasez de los metales, dentro del sistema económico actual, puede resultar un verdadero peligro para la economía, para el futuro del planeta y, finalmente, para la paz social.

El mundo se queda sin metales

Según el informe citado más arriba, se calcula que, actualmente, hay 225 millones de toneladas cúbicas de cobre en los basureros de todo el mundo. En China, por ejemplo, la industria más grande de este sector recicla un millón de toneladas al año. La empresa que más cobre procesa logra medio millón de toneladas.

En cuanto al oro, ocurre otro tanto. En una mina de oro, por cada tonelada de tierra, se pueden extraer unos 5 gramos del preciado metal. En cambio, de una tonelada de basura electrónica, se pueden extraer hasta 150 gramos de oro. Sólo se necesita una correcta recolección selectiva.

De los desechos y vertederos electrónicos no sólo se pueden recuperar cobre y oro. También son minas de vanadio, hierro, aluminio, titanio, litio… Todos estos metales forman parte de componentes que resultan indispensables para ensamblar dispositivos electrónicos. Y la demanda sigue creciendo: el aluminio es indispensable para la construcción y los automóviles, el paladio y el indium se usan para fabricar tecnologías limpias. La demanda de aparatos electrónicos aumenta, los metales con los que se fabrican escasean.

Así, el reciclaje de metales es más que una cuestión meramente medioambiental, se ha convertido en una cuestión económica: veinte metales estudiados tiene un nivel de reciclaje de más del 50% y treinta y cuatro de ellos no alcanza ese nivel.

La tecnología y la voluntad política y social para reciclar metales de los dispositivos electrónicos es cada vez mayor. Pero hay otra opción. Aunque por el momento no es viable ni económica ni tecnológicamente. Se trata de sustituir ciertos materiales por otros que no escaseen en el planeta.

¿Y qué ocurre con los países que han agotado sus recursos? Alemania es un buen ejemplo: no se extrae más carbón, pero mantienen un enorme conocimiento en reciclaje por este tipo de industria. El reciclaje de metales acaba de empezar. Pero, en unos años, como ya ha ocurrido con el cartón o el vidrio, será algo habitual para cualquier ciudadano.