Los cangrejos sienten dolor cuando los cocinan
A nadie en su sano juicio le gustaría ser el ingrediente principal de un plato asado, hervido o frito, pongamos por caso, y parece que a los cangrejos tampoco les hace ni pizca de gracia. Sobre todo, porque en innumerables ocasiones se les cocina estando todavía vivos, lo que les provoca un sufrimiento indecible, advierte un nuevo estudio.

Lógicamente, que te sumerjan en agua hirviendo o que te arranquen las tenazas es una salvajada que, por puro sentido común, supone una auténtica tortura para estos pobres animales, sometidos a ellas por culpa de las bárbaras prácticas culinarias que se gastan tantas y tantas recetas.

Además de la lógica o el sentido común, ahora también se tienen pruebas científicas de su padecimiento. Porque, tal y como han demostrado investigadores británicos, los cangrejos, y “probablemente otros crustáceos” (ya les digo yo que sin duda), pueden sentir dolor.

Evitaban el dolor

En concreto, científicos de la Queen’s University en Belfast permitieron a un grupo de cangrejos elegir entre dos refugios oscuros en su tanque, descubriendo que evitaban aquel en el que recibían pequeñas descargas eléctricas.

Los cangrejos sienten dolor cuando los cocinan
Lo bueno de la investigación, además de haberla hecho en sí, algo que ya dice mucho, es el corolario que la acompaña, es decir, las ideas pro animalistas deducidas a partir del resultado. Su esencia se resume con las palabras de Bob Elwood, uno de sus autores:

Miles de millones de mariscos son capturados o producidos por las necesidades de la industria alimentaria. Comparados con los mamíferos, no tienen prácticamente ninguna protección, únicamente la presunción de que no sienten dolor. Nuestras Investigaciones sugieren lo contrario.

El experimento se hizo con 90 cangrejos verdes (Carcinus maenas), una especie común en las playas europeas. Ninguno de ellos pudo gritar, suplicar, desgañitarse ni demostrar su disgusto como podemos hacer nosotros, aún a pesar de sentir un fortísimo dolor. Sin duda, toda una lección de humanidad, ésa que tanto nos falta.