Los cazadores furtivos ya no respetan ni los zoos
Los cazadores furtivos no conocen fronteras cuando se trata de llegar hasta su objetivo: cargarse al animal para obtener su carne, cuernos, colmillos o cualquier otra parte del animal que sirva para hacer dinero, mucho dinero. El último caso que se ha saldado con un rinoceronte muerto a tiros en un zoo francés ha hecho saltar las alarmas.

Como es lógico, los zoos están preocupados y buscan fórmulas que ayuden a mejorar la protección frente a intrusos. Si dan con ellas, quizá también pudieran contribuir a la protección de estos animales tanto en zoos como en espacios naturales.

En apenas unos días, el suceso galo ha traído consecuencias: por ejemplo, ha llevado al zoológico belga Pairi Daiza a acortar los cuernos de sus rinocerontes, una medida que también se ha llegado a poner en práctica en el medio natural, concretamente en Zimbaue. Otra medida que se baraja es el envenenamiento de los cuernos para anular su valor en el mercado negro.

Por lo pronto, la viralidad del suceso ha conseguido algo que otras muertes de rinocerontes no logran: llamar la atención de los medios de comunicación, y tanto dentro como fuera de las redes se ha hablado de este ataque. Tanto por su excepcionalidad al tratarse de un zoo europeo, pues es la primera vez que ocurre con un animal de este tamaño, como por tratarse de un animal en grave peligro de extinción.

Los cazadores furtivos ya no respetan ni los zoos
Aunque las estadísticas son de espanto, pues los cazadores furtivos matan un promedio de 3 rinocerontes al día en Sudáfrica, donde se encuentra la mayor población de rinoceronte blanco del mundo, de ello no se habla sino de forma genérica. Esta vez, sin embargo, al tratarse de un animal que estaba en un lugar público como es un zoo, el suceso ha despertado un gran interés por parte de los medios de comunicación y la opinión pública.

Una nueva amenaza

¿Pero, por qué atacan en los zoos? Básicamente, por pura desesperación. Por un lado, cada vez hay menos rinocerontes en libertad, y están más vigilados, con mayor motivo en lo que respecta a los rinocerontes blancos, una auténtica rara avis.

Pese a que la situación de estos animales sea crítica, por lo que abundan menos, jugar con el factor sorpresa también podría haber contado a la hora de decidir el ataque al rinoceronte. Pero sobre todo hay que tener en cuenta que la agresividad y atrevimiento de los grupos criminales está aumentando, ya que están extendiendo sus operaciones en respuesta a una vigilancia cada vez más eficaz.

El animal abatido en el zoo la noche del 6 al 7 de marzo, llamado Vince, era un rinoceronte blanco de 4 años de edad, llegado al zoo de Thoiry (Yvelines) hace poco menos de un año, procedente de los Países Bajos, donde nació.

Los cazadores furtivos ya no respetan ni los zoos
Vince pertenecía a la subespecie denominada rinoceronte blanco del sur, de los que solo quedan 20. 000 ejemplares, unos animales víctimas de la caza furtiva intensiva. Estar dentro del zoo no lo libró de esta lacra. Casi fue al contrario, pues se encontraba más indefenso.

Lo mataron con varios disparos y cuando lo encontraron su cuerno había desaparecido. En el mercado tiene un gran valor, de decenas de miles de euros por kilo. Sus atacantes forzaron una de las verjas exteriores del zoo y ni el personal de seguridad ni las cámaras permitieron detectarlos, éstas por no filmar el lugar donde se produjo el ataque.

Cómo proteger los zoos

Al margen de que los zoos no sean un lugar idóneo para los animales, y de que cerrarlos podría ser una solución perfecta para estos casos, lo cierto es que el problema se plantea nos solo en estos recintos, sino también en zonas protegidas más abiertas, como son los santuarios o las reservas naturales.

Por lo tanto, el tema de debate no es tanto si los zoos debieran seguir existiendo, así como determinadas prácticas y graves negligencias que incluyen muertes de animales sanos por parte del mismo zoo, como la necesidad de buscar métodos de protección eficaces que puedan evitar su caza.

Los cazadores furtivos ya no respetan ni los zoos
Esta vez no se trata de malos tratos, como fue la supuesta paliza que recibió Gustavito hace apenas unos días, el único hipopótamo de El Salvador. Aunque tras realizarle la autopsia se ha sabido que el animal llevaba 17 días gravemente enfermo y sufrió una hemorragia pulmonar, lo cual apunta a una negligencia por parte del zoológico.

Sea como fuere, no se trató de un suceso similar al que aconteció días después. Esta vez fue en un zoo francés, y no hay dudas al respecto sobre la razón por la que un rinoceronte blanco murió a manos de cazadores furtivos en su propio recinto.

En la cuerda floja

Como hemos apuntado, actualmente los furtivos matan tres rinocerontes diarios en Sudáfrica. No en vano, es una especie que se encuentra al borde de la desaparición, junto con otros animales no menos simbólicos, como son los tigres y los elefantes.

Los cazadores furtivos ya no respetan ni los zoos
El hecho de que los rinocerontes se encuentren entre las especies más vulnerables frente a la caza furtiva se suma a que sea una población cada vez más escasa, que está en una auténtica cuenta atrás. ¿Qué hacer contra ello?

Por último, las cifras son algo mejores por segundo año consecutivo, puesto que el furtivismo de rinocerontes en Sudáfrica se ha reducido durante este periodo, en buena parte gracias a los esfuerzos realizados para su conservación.

Pero no es suficiente para salvarlo, y para entenderlo basta con contraponer a una pequeña disminución de muertes la brutal estadística mencionada, con tres muertes diarias.

Para el Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF, por sus siglas en inglés) avanzar en su protección es esencial para detener esta masacre que no cesa. Y es que la crisis de furtivismo que padece Sudáfrica tiene su paralelo en otros animales que, aquí y en otros puntos del planeta, también son víctimas de este gran negocio, que mueve tanto dinero como el tráfico de armas o de drogas.

En concreto, a los cuernos de rinoceronte se les atribuye, falsamente, cualidades terapéuticas y afrodisíacas en países donde se practica la medicina tradicional asiática. Suelen reducirse a polvo para confeccionar pócimas u objetos de arte y su precio es altísimo precisamente porque la demanda es infinitamente superior a la oferta.

Los cazadores furtivos ya no respetan ni los zoos
WWF lo tiene claro. Reclama más acción, centrándola cómo no en la caza furtiva, de lejos su principal amenaza. Según los últimos datos del gobierno de Sudáfrica, publicados recientemente, los cazadores furtivos se cargaron a un total de 1.054 rinocerontes en 2016, frente a los 1.215 de 2014 y los 1.175 de 2015.

Son cifras poco tranquilizadoras, aun habiendo mejorado. ¿La solución? Tanto para solucionar el problema dentro como fuera de los zoos se necesita atacar la raíz del problema. En palabras de Margaret Kinnaird, responsable del Programa de Especies de WWF:

No podemos ganar la pelea contra el furtivismo sin resolver la demanda de cuerno de rinoceronte ilegal. Las personas que protegen a los rinocerontes sobre el terreno se ven impotentes sin acción global para controlar el tráfico internacional de especies. Además de seguir con los esfuerzos contra el furtivismo en los países, necesitamos mayor persecución de los implicados en el tráfico y el uso de cuerno de rinoceronte, especialmente en los países consumidores.