Los chimpancés encerrados se vuelven locos
No es fácil mantenerse cuerdo cuando se está mucho tiempo encerrado. La cárcel es un castigo mucho más duro de lo que parece a primera vista. Algunas personas que trabajan encerrados todo el día en una habitación, como escritores o científicos, a menudo acaban en un estado cercano a la locura. Ahora se ha descubierto que al animal que más se parece al ser humano le ocurre algo similar. Los chimpancés que se encuentran encerrados en zoológicos (o en circos o en cualquier otro lugar que no sea su hábitat natural) tienen comportamientos extraños, que pueden deberse a enfermedades mentales.

Nicholas Newton-Fisher y Lucy Birkett, investigadores británicos de la Escuela de Antropología y Conservación de la Universidad de Kent, en Inglaterra, han estudiado el comportamiento de cuarenta chimpancés en seis zoológicos diferentes de Estados Unidos y el Reino Unido, y descubrieron que algunos comportamientos demostraban que su estado de salud mental era muy deficiente.

Los chimpancés se hamacan repetidas veces de una forma compulsiva, se comen su propia materia fecal, golpean su cabeza contra un objeto sin ninguna causa, se arrancan el pelo, se muerden y llevan a cabo otras formas de autolexión. Si ese comportamiento se diera en seres humanos nadie tendría ninguna duda de que se habían vuelto locos. Monos que están como cabras.

Nunca se ha visto ese comportamiento cuando se han estudiado a los primates en su ambiente natural, así que la conclusión es clara. Todos los chimpancés estudiados viven en zoológicos que ofrecen a los animales buenas condiciones, pero no dejan de estar encerrados.

Como la mente humana, para la de un chimpancé no es fácil adaptarse a las duras condiciones de un cautiverio. Son animales inteligentes, tienen conciencia de sí mismos y, para ellos, estar en cautiverio es una lucha constante… e inexplicable. El ambiente natural es quizá más peligroso, pero, también, más estimulante. Los chimpancés necesitan un ambiente natural para mantenerse sanos mentalmente.

Algunos zoológicos ofrecen estímulos a los chimpancés. Por decirlo de alguna forma, una vida más interesante: espacios más amplios, variaciones en el entorno y en las horas de la comida para que no se pueda predecir todo, etc. El aburrimiento mata a los monos. O, al menos, los vuelve locos.