Los daños medioambientales en Torres del Paine
El Parque Nacional Torres del Paine, situado en la Patagonia chilena, permite de nuevo las visitas tras permanecer cerrado desde el pasado 29 de diciembre, después de producirse un grave incendio forestal que ha arrasado miles de hectáreas y ha provocado importantes pérdidas al sector turístico. El presidente del país, Sebastián Piñera, ha ordenado la reapertura del 80% del área visitada por turistas, que representa el 42% de la superficie total del parque.

El daño al medio ambiente ya está hechos. Se declaró zona de catástrofe a la Patagonia chilena y se pidió ayuda urgente a Argentina, Australia y Estados Unidos. La zona, declarada reserva de la Biósfera por la Unesco, alberga especies de árboles nativos de la Patagonia como la lenga y el ñirre, y animales autóctonos como el huemul, un ciervo cuya imagen forma parte del escudo nacional y está en peligro de extinción, así como muchas otras especies que no se hallan en ningún otro punto del planeta.

El huemul es una de nuestras especies más simbólicas. Es una especie muy delicada que se ha logrado recuperar en Torres del Paine. La población total de huemules se estima en dos mil en todo el país. En el Parque comenzó a crecer en los últimos diez años una colonia de unos veinte ejemplares en una zona donde hay caminos y ríos que funcionarían como una barrera natural al fuego. Pero, debido a los vientos, las llamas atravesaron el río. Afortunadamente, se cree que las llamas no han afectado al sector donde está la población de huemules. Aunque todavía no se sabe con seguridad.

Las poblaciones de guanacos y de ñandúes parece que también han podido escapar de las llamas. Otros mamíferos intermedios, como algunos gatos silvestres o zorros, abundantes, se espera que hayan quedado a buen resguardo.

En cuanto a los bosques, hay tres ecosistemas afectados: los bosques primarios de lenga (Nothofagus pumilio o roble blanco) con alguna presencia de ñirre (Nothofagus antarctica o haya antártica) pueden llegar a suponer un 4% de las 12.000 hectáreas quemadas. También parte del bosque pequeño y matorral, un 30%, se quemó, mientras que un 65% era estepa o pradera patagónica con coironales (un tipo de pastos).

La naturaleza es generosa y los bosques primarios se pueden recuperar, pero se necesitarán bastantes años para ello, al menos, setenta.