Los huertos urbanos pueden estar contaminados con metales tóxicosLos pequeños huertos cercanos a las ciudades o ubicados en jardines privados son perfectos para poder autoabastecernos de vegetales y, cómo no, para pasar buenos ratos en contacto con la naturaleza. Pero no todo son ventajas, pues la contaminación de los suelos en los entornos urbanos alcanza también a estos supuestos vergeles de frutas y hortalizas, amenazando la salud de quienes los comen y cultivan.

Metales tóxicos, especialmente el plomo, podrían estar presentes en su tierra en proporciones peligrosas, advierte Samantha Langley-Turbaugh, una científica especialista en polución de suelos de la Universidad del Sur de Maine, en Portland, Estados Unidos.

Por lo tanto, lógicamente, por mucho que intentemos realizar cultivos ecológicos, con semillas no transgénicas y sin pesticidas ni abonos químicos, en realidad podríamos estar obteniendo productos nocivos o, al menos, ni mucho menos tan beneficiosos para la salud como pudiéramos creer.

Lejos de ciudades, carreteras e industrias

Metales tóxicos como el plomo (es neurotóxico), el zinc (provoca náuseas, diarrea y anemia) y el cadmio (causa problemas de aprendizaje) se encuentran habitualmente en el suelo, sobre todo en áreas urbanas o próximas a carreteras, industrias, etc., incrementando su presencia en estos lugares, así como en cualquier otro que padezca una alta contaminación.

Los huertos urbanos pueden estar contaminados con metales tóxicos
La exposición directa a los metales puede producirse mediante la ingestión de los mismos alimentos, que los absorben a través de las raíces o nos llegan si no limpiamos bien los restos de tierra, y también lo hacen mediante inhalación del polvo que se forma cuando se están cultivando o recogiendo, ya que éste contiene partículas metálicas.

Algunas medidas que podemos tomar

No todo está perdido, sin embargo. Lejos de abstenernos de cultivar en la urbe o en otras zonas de riesgo, tenemos la opción de tomar medidas como aumentar la alcalinidad del suelo para dificultar la absorción de la planta de plomo. Podemos lograrlo fácilmente añadiendo cal al suelo para aumentar su pH, si bien debemos hacerlo mediante asesoramiento.

Otras soluciones son usar guantes de jardinería, extremar la limpieza personal tras el trabajo, llevar mascarilla para trabajar y lavar el producto con celo antes de comerlo para asegurarnos de que no queden restos de tierra.

En cuanto a la ubicación concreta, se aconseja que esté bien alejado de fachadas con paredes pintadas, sobre todo si la pintura contiene plomo u otros metales, y lo mismo ocurre con la cercanía a otros materiales de construcción o focos contaminantes.

Mejor tomates, fresas y calabazas

También influye el tipo de cultivo, pues algunas plantas pueden absorber plomo con mayor intensidad, como las hortalizas de raíz y tubérculos, tipo zanahorias, patatas y nabos, que suelen concentrar altos niveles de metales, al igual que los vegetales de hoja verde, como la lechuga o las espinacas. Por contra, son recomendables los tomates, las fresas y la calabaza.

En todo caso, si queremos hacer las cosas bien, antes de plantar un huerto deberíamos analizar la contaminación del suelo, tal y como recomienda Langley-Turnbaugh. Son unas pruebas relativamente sencillas de realizar que, al menos en Estados Unidos, resultan baratas, con un coste de alrededor de 25 dólares.