Los iones negativos
Ya en 1910, Albert Einstein dijo que las propiedades curativas del aire de la montaña de Davos eran debidas a la electricidad del aire.

El aire contiene moléculas de nitrógeno, oxígeno, vapor de agua, dióxido de carbono, etc. Cada una de estas moléculas contiene átomos. Los átomos pierden o ganan electrones y entonces se llaman iones: si han ganado electrones, tendrán una carga eléctrica negativa; en cambio, si pierden electrones, su carga eléctrica será negativa.

Los iones positivos y negativos existen de manera natural en el aire que respiramos y en una atmósfera equilibrada, es decir, sana, están en una proporción de uno positivo por cada cuatro negativos. Los iones se producen espontáneamente en la naturaleza por diferentes razones: por los saltos de agua, por fenómenos meteorológicos (tormentas, rayos, vientos, etc.), por radiaciones de la tierra, por radiaciones cósmicas y por otras muchas causas. Los iones hacen que haya electricidad en la atmósfera de la tierra; esta electricidad es imprescindible para la vida ya que, según varios experimentos realizados con animales y plantas en atmósfera sin electricidad estática, los animales mueren al poco tiempo y las plantas no crecen.

La ionización positiva del aire es perjudicial para el ser humano, los animales y las plantas. A los seres humanos puede provocarnos cansancio, dolor de cabeza, ahogos, alergias, tendencia a la depresión, nerviosismo, insomnio…. El exceso de iones positivos se da en todas las ciudades debido a que la contaminación atmosférica destruye los iones negativos. En el campo y en las montañas predominan los iones negativos.

Los iones positivos se forman a causa de los rayos ultravioleta del sol, los rayos cósmicos, los vientos secos del sur, la fricción de masas de aire que se da antes de una tormenta… Pero los seres humanos también los producimos con la contaminación atmosférica, el aire acondicionado, las pantallas de televisores (que pueden llegar a producir un campo de 20.000 voltios) y de ordenadores, los móviles, las fibras sintéticas…

La ionización negativa del aire nos beneficia, pues mejora nuestro estado anímico y las funciones corporales. Los iones negativos se forman por las descargas eléctricas de los rayos, por la función clorofílica de las plantas y por la emisión de la radiactividad natural de la tierra. En las montañas hay muchos iones negativos: los estratos rocosos son más radiactivos que la corteza común. El agua en movimiento produce muchos iones negativos (duchas, fuentes, saltos, cascadas, la orilla del mar) porque cuando el agua choca y la gota se divide, la parte más ligera, que es la que se respira, queda cargada negativamente (Efecto Lenard).