Los manglares mexicanos
Dos de febrero. Se conmemora el Día Internacional de los Humedales. Para Greenpeace México no es un día para celebrar, sino, más bien, para recordar el gran deterioro que han sufrido este tipo de ecosistemas durante los últimos años, especialmente, a causa del desarrollo turístico en los estados de la costa.

En el país americano, se espera, desde al año 2006, una lista con las especies de flora y fauna que se encuentran en peligro de extinción. Sin embargo, presiones, principalmente de los sectores turístico y de la construcción, han impedido la publicación de la lista. Por fin, Semarnat (la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales) publicó las modificaciones a la norma el 30 de diciembre de 2010.

En esta nueva norma del Gobierno mexicano, los cuatro tipos de manglares que existen en el país (rojo, negro, blanco y botoncillo) han pasado de la categoría de “protección especial” a la categoría de “amenazadas”. Se calcula que se ha perdido el 65% de los manglares originales de México. La tasa de deforestación es de un 2,5% anual. Si continúa a ese ritmo, en 2025 sólo quedará la mitad de los manglares.

Sin embargo, las empresas de turismo y las constructoras siguen destruyendo los ecosistemas, construyendo zonas para el turismo de masas. Su razón, la de siempre: crear empleo y desarrollar la economía. Aunque sea a costa de destruir el medio ambiente.

Pero, por otro lado, según Greenpeace, los manglares proporcionan servicios ambientales valorados en entre 200.000 y 900.000 dólares por kilómetro cuadrado al año. Además, muchas personas viven de la pesca que realizan en ellos. No sólo eso. El manglar es un ecosistema capaz de amortiguar los impactos en la costa de fenómenos meteorológicos como inundaciones y huracanes. Destruirlos significa aumentar la vulnerabilidad en las zonas costeras mexicanas y poner en riesgo la vida de miles de personas. ¿Qué es más importante, pues?