Los millonarios del Sudeste asiático disparan el tráfico ilegal de animales
Tener un zoológico a modo de jardín privado es la última moda entre los nuevos ricos del Sudeste asiático. Sus mansiones no son lo mismo, por lo visto, si no tienen animales exóticos en su interior, una práctica que les está costando la vida a muchos de ellos y poniendo en jaque a numerosas especies en peligro de extinción.

Las organizaciones conservacionistas han puesto el grito en el cielo tras comprobar que sus peores sospechas se están cumpliendo. Al confirmarse cómo, en fin, se ha disparado el tráfico ilegal de animales por la creciente demanda proveniente de esta zona.

Antes de aumentar la demanda en esta región, la situación ya era alarmante, en realidad, pues el tráfico de animales exóticos y protegidos mueve cifras millonarias. No en vano, estamos hablando del cuarto comercio clandestino que más dinero mueve en el mundo, sólo por detrás del mercado de la droga, la falsificación y el tráfico de personas.

Tailandia y Bangkok

El martirio que sufren estos animales va desde un indecible sufrimiento por verse privados de su hábitat natural, hasta una más que probable muerte por la misma captura, traslado o problemas de adaptación al nuevo lugar donde se le confina. Además, a nivel de especies, su expoliación para fines comerciales puede llevarlos a la extinción de forma acelerada, echando por la borda los denodados esfuerzos que suelen llevarse a cabo mediante distintos programas de recuperación. En otras ocasiones, ni siquiera existen estos programas.

Los millonarios del Sudeste asiático disparan el tráfico ilegal de animales
La policía y, en general, los gobiernos de los países del Sudeste asiático tienen verdaderos problemas para frenar esta nueva locura desatada por adquirir animales amenazados. Aunque también es cierto que la inoperancia oficial o falta de eficacia en el control (sobre todo en las aduanas) es uno de los principales caballos de batalla de los activistas.

Tailandia y, más concretamente, Bangkok, constituye un neurálgico centro de tráfico de animales en peligro de extinción, en parte por la corrupción oficial que acepta sobornos como por y por su estratégica situación geográfica. Su cercanía con Laos, Birmania, y Camboya, países de los que provienen las pobres criaturas, las convierten en concurrida puerta de entrada. Otros mercados tradicionalmente receptores son Europa y Oriente Medio.