Los productos más contaminantes
La imagen arquetípica de la contaminación suele ser una fábrica desprendiendo oscuro humo o una ciudad llena de cohces en un atasco. Pero en nuestra vida cotidiana hay productos poco o nada respetuosos con el medio ambiente que deberíamos empezar a desechar. Sobre todo, cuando realizamos la compra para casa. Porque hay que tener en cuenta tanto los efectos directos como los indirectos, relacionados con la extracción del producto, su producción, su uso o de qué forma y dónde se convierten en residuo.

Se ha presentado un informe del Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), Assessing the environmental impacts of consumption and production, en el que se desprende que para reducir los impactos sobre el planeta hay que cambiar de forma prioritaria dos sectores: el de la energía y el de la alimentación. Los combustibles fósiles (petróleo, gas y carbón) producen gran impacto ambiental por sí mismos (afectan negativamente al cambio climático, poseen gran toxicidad), pero también aumentan la carga ambiental de otros materiales que requieren de mucha energía, como los minerales metálicos. En cuanto a los productos alimenticios, su producción constituye un proceso poco eficiente que ocupa suelo, afecta negativamente a los ecosistemas y a la biodiversidad y, en muchos casos, usa gran cantidad de agua. La industria cárnica es especialmente contaminante, tanto por las emisiones de gases nocivos, como por el uso cada vez mayor de tierras y de recursos para alimentar a los animales. Se espera que en 2050 entre el 40 y el 50 % de los cultivos de cereales en el mundo se produzca para la alimentación animal. Esta circunstancia lleva a Naciones Unidas a recomendar una dieta con menos carne.

En la Unión Europea se ha realizado un estudio similar en el que se analizaron 283 grupos de productos de consumo en ocho categorías de impacto (degradación abiótica, acidificación, ecotoxicidad, cambio climático, eutrofización, toxicidad, reducción de la capa de ozono y oxidación fotoquímica). El estudio Environmental Impact of Products lo llevó a cabo el Instituto de Prospectiva Tecnológica (IPTS), del Joint Research Centre de la Comisión Europea. La conclusión es que la alimentación y las bebidas son responsables de entre un 20 y un 30% de los impactos en las diferentes categorías, la construcción y uso de las viviendas, de entre un 20 y un 35 %, y el transporte motorizado, de entre un 15 y un 35 %. En decir, que estos tres sectores son responsables de entre el 70 y el 80 % de todos los daños ambientales ocasionados por el consumo.

De forma más detallada, el estudio considera que los productos con una mayor contribución al cambio climático son los vehículos a motor (15%), la carne (5,5%), los equipos de calefacción (4,7%), las aves de corral (3,9%), las nuevas residencias (3,2%), las salchichas y otros productos preparados de carne (2,5%), la leche (2,4%) y el queso (2,1%).